Nacido hace 25 años en Sheffield, Billy Sharp es un delantero que cumple su tercer curso en el Doncaster Rovers, de la segunda categoría del fútbol inglés, que en dos días disfrutó y padeció el nacimiento y la muerte de su hijo Luey Jacob, que nació el jueves y falleció el sábado. Tras el suceso, su entrenador, el mítico galés Dean Saunders, decidió concederle unos días de fiesta... que desembocaron en una de las noches más emotivas que se recuerdan en el fútbol británico.
Sharp habló con su técnico, le aseguró encontrarse en buenas condiciones físicas y le pidió expresamente ser alineado en el partido del lunes, que enfrentaba a los Rovers con el Middlesbrough. Deseaba, dijo a su entrenador, dedicarle un gol a su hijo y Saunders, llevado por la emotividad y conocedor de su jugador, accedió a ponerle en el once.
Y Billy Sharp, el chaval que no pudo triunfar en el Sheffield United de su niñez, no falló. Lloró sin disimulo durante el minuto de silencio en honor al pequeño Luey Jacob y luego, rozándose el cuarto de hora de partido, cazó un balón en el área que convirtió en gol con una volea. Entre vítores se levantó la camiseta mostrando una interior con dedicatoria a su hijo que, lógicamente, no mereció la amonestación por parte del árbitro, Darren Deadman.
Al final venció el Boro por 1-3 aunque, por una vez, el resultado fue lo de menos.

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