... Gentes como Pereda nos enseñaron a querer al Barça
A medida que el Madrid aumentaba su leyenda, el Barça languidecía deportivamente. La derrota en Berna ante el Benfica, en 1961, acabó enterrando una era en el Camp Nou y a partir de ahí puede decirse que el club, lastrado por guerras civiles, falta de proyectos, deudas gigantescas y errores fatales (Suárez) entró en barrena. La década de los 60 bien puede decirse que deportivamente es la más oscura en la historia del Barça... Y sin embargo fue por aquellos años cuando su ascendente social en Catalunya alcanzó la cúspide.
Cuando ganar era la excepción, cuando las derrotas se sucedían y las diferencias con el gran rival alcanzaron el cénit; cuando incluso el Atlético de Madrid llegó a discutirle su papel a nivel estatal o Zaragoza y València le arrodillaban sin que ello fuera una sorpresa, el barcelonismo se convirtió en un acto de fe. Y algún mérito en ello tuvieron gentes como Chus Pereda, quien llegó al Barça tres años después de ser despreciado por el Real Madrid y fue capital en el fútbol de aquella época.
Quienes le vieron jugar hablan de un futbolista con una calidad exquisita, quienes coincidieron con él en aquellos tiempos añaden que era un 'chulo insoportable' en el campo sólo superado por su humanidad fuera de él. Quienes, más tarde, le conocieron no pudieron evitar loar su excelso trabajo con la cantera, con los chavales, y una relación fantástica con todo el mundo.
Hoy todo el mundo dirá (diremos) cosas fantásticas de Pereda. Se desempolvarán recuerdos (siempre positivos) y se hablará de él con un acento excepcional. Se dará eco a Sadurní, Reina o Gallego, a Rexach, Fusté, Zaldúa, Olivella o Eladio para que redescubran quien era el Pereda futbolista. Se volverá a hablar de la final de las botellas como se recodará que fue él, y no Amancio (por qué nunca lo dijo el gallego?) quien centró el balón que Marcelino coló a Yashin... Pero en pocas horas el recuerdo de aquellos años volverá al baúl.
En un Barça donde la excelencia es el pan de cada día, en el que Messi ya es considerado inmortal por encima de todo y de todos y en el que se acumulan tantos títulos como elogios, cada vez menos son los que recuerdan que existió, en el mismo escenario, en la misma casa, en el mismo barrio y en el mismo fútbol, un club llamado igual que éste y que apenas conoció lo que era el éxito.
Pero ese club, ese Barça, consiguió algo que nadie podrá borrar. Lejos del mundo globalizado del presente, en aquel pasado que escuchábamos derrotas en Granada, en Burgos, Córdoba, Castelló, Salamanca o Elx por la radio, cada domingo se llenaba el Camp Nou con una hinchada que apoyaba a lo que sí (entonces sí) era 'més que un club'. Y aplaudía sin disimulo los caracoleos de Pereda, la dirección de Fusté, la calidad de Rexach, la contundencia de Eladio y Gallego o discutía sobre la conveniencia de que jugasen Sadurní o Reina.
Casi nunca se ganaba y por ello siempre será más legendaria la Copa de 1968 que la de 2009. Porque cuando ganar era una excepción, gentes como Chus Pereda nos enseñaron a querer al Barça. Por encima de los títulos. Eso es algo que nunca deberíamos olvidar y que eternamente les deberíamos agradecer.
Hasta siempre señor Pereda. Y gracias.



3 comentarios:
Impresionant, felicitats.
Brutal, Elwood !!
Com sempre !! Un homenatge càlid i recordant temps no tan triomfants. Molt recomanable per saber d'on venim. Fantàstic !!
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