Mientras su hijo sigue en las categorías inferiores del Barça, a él su salida del Barça, hace ya dos años, le supuso el inicio del declive. En dos cursos completos ha jugado en cuatro equipos distintos, en ninguno se ha estabilizado y ha disputado solo cuarenta partidos oficiales, siendo una sombra del extraordinario jugador que explotó en el Bolton y se hizo imprescindible en el Chelsea.
Eidur Gudjohnsen tenía casi apalabrado su fichaje por el West Ham la semana pasada y, sin embargo, hoy está prevista su llegada a Atenas, donde firmará un contrato anual con el AEK de Manolo Jiménez. Será la última aventura de un islandés debutó con 17 años en 1995 con el Valur Reykjavic y que alcanzó una década después la excelencia como mediapunta en el Chelsea de Mourinho, lo que provocó que en el verano de 2006, pocos días después de ganar la Champions en París, Txiki Begiristain lo incorporase a la plantilla de Frank Rijkaard. Por su fichaje el Barça pagó al club de Stamford Bridge doce millones de euros... Y 'Guddy' no alcanzó nunca el rendimiento que se le presuponía a la vista de su carrera anterior en la Premier.
Tres temporadas y un centenar de partidos después, Guardiola decidió que Gudjohnsen no entraba en sus planes y el Barça aún pudo ingresar 2,5 millones del Mónaco. Pero desde ese verano de 2009 la carrera del islandés ha ido de mal en peor.
Apenas estuvo cinco meses en el Mónaco antes de ser cedido, a mediados de la temporada 2009-10, a un Tottenham en el que pretendía reencontrar su mejor versión... Y en el que confirmó el descenso de su carrera. Acabó con más pena que gloria el curso en White Hart Lane y al Mónaco le tocó la lotería al poder traspasarlo por lo mismo que pagó al Stoke City. Los números no engañan... y tras medio curso fantasmal en el Britannia Stadium y otro medio nefasto en Craven Cottage, el Stoke le dio la baja sin más.
Ahora, cercano a los 33, Gudjohnsen probará otra Liga, físicamente menos exigente pero en la que vivirá de cerca lo que es el marcaje a su rendimiento por parte de los hinchas. 800.000 euros de ficha y un año prórrogable a otro dependiendo de su rendimiento es el trato.
En el Barça se le llegó a llamar el `bacallà islandés'. En Grecia, si no rinde, no serán ni tan bromistas ni tan indulgentes con él...



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