Señora... Estamos en una misión de Dios

jueves, mayo 28, 2009

DEL DELIRIO A LA LEYENDA

En 1992 el Barça ganó la primera en la prórroga; remontando consiguió en 2006 la segunda... Y ofreciendo un recital ha conquistado la tercera. El Manchester United era, ya no, el Rey del fútbol. Ese trono ha cambiado de manos. Y no sólo por un simple triunfo, sino por la lección que ha ofrecido el equipo de Guardiola. Si asustó, que lo hizo, de entrada, se rindió pronto a la evidencia y hubo momentos en la segunda mitad que se convirtió en un espectador privilegiado de la leyenda blaugrana.

El Barça, ahora sí, parece haber alcanzado la mayoría de edad. Y no ha sido por Messi, ni por Eto'o, Xavi, Iniesta o Valdés. El dueño de la gloria, que es para todos nosotros, tiene que ser por encima de todo Pep Guardiola. El se hizo cargo de un equipo tan excelente como decadente y sólo prometió esfuerzo, dedicación, entrega y trabajo. Lo demás vendría por añadidura porque era impensable que esta plantilla no ofreciera garantías de éxito. No ha defraudado a nadie. Tomó la velocidad de crucero liguera manteniendo lejos a un Real Madrid magnífico en resultados hasta que le dio el estoque en el Bernabéu con una grandiosidad nunca vista, ganó al sprint la Copa y atravesó Europa con una contundencia nunca vista. Hasta plantarse en semifinales, aprender a sufrir para eliminar al Chelsea y domar a un Manchester United que aún debe andar preguntándose qué ha ocurrido en Roma.

No hay discusión posible. El Barça ha arrollado y ha conquistado la leyenda sin renunciar ni un ápice a su personalidad. La apuesta que tomó Guardiola allá por el mes de agosto se ha demostrado no sólo acertada, sino única, impecable y espectacular. Ha elevado a los altares el rondo, la razón de ser de este club, y ha mostrado que por encima de todo está el respeto a uno mismo. Disfrutemos de este momento. No porque vaya a ser irrepetible, sino porque nos da la razón a quienes siempre creímos en esta forma de jugar y, también, a los que pusimos, a las buenas y a las malas, a la cantera como eje vertebrador del equipo.

Esta es la gloria del barcelonismo de hoy. Desde Valdés hasta Muniesa, pasando por Piqué, Puyol, Xavi, Iniesta, Messi, Busquets, Pedro, Jorquera o Bojan, todos han mostrado el camino a los críos que, jugando este mismo estilo, sueñan con alcanzar un momento igual. Pero lo es también de aquellos que no tuvieron la ocasión de alcanzarlo. De aquella quinta del Mini, la de Iván, Quique, Moreno, Toni, Roger, Celades; la de Óscar, Ferrer, Amor, Busquets, Sergi, Sánchez Jara, Moratalla, Manolo, Mora, Rexach, Pujol, Martí Filosía, Rifé, Sadurní, Torres (EPD)... Y tantos y tantos que, surgidos de la propia cantera del Barça pueden hoy sentirse los tipos más felices del mundo.
Es nuestro éxito. Y, también, una voz de alerta al mundo del fútbol para que, más allá de Bosman, de fichajes galácticos y apuestas millonarias giren los ojos a sus propias entrañas. Hoy es un día muy feliz. Porque somos los reyes del fútbol y porque hemos llegado hasta aquí con nuestra propia filosofía. Disfrutemos de ellos. Y felicitémonos. Somos grandes. Muy muy grandes.

miércoles, mayo 27, 2009

EL CAMPEON Y EL ASPIRANTE

















Quien es el campeón de Europa, por lo menos hasta esta noche? El Manchester United. El Manchester United ha ganado la Premier acumulando solamente cuatro derrotas en toda la competición y se ha llevado tanto el Mundial de clubs, como la Copa de la Liga inglesa y la Community Shield. El Manchester United tiene en sus filas a Cristiano Ronaldo. Y a Ferdinand, Van der Sar, Evra, Vidic, Carrick, Tévez, Rooney, Berbatov, Anderson, Giggs, Scholes... No es un cualquiera. Para nada.

Nosotros, el Barça, acudimos como aspirantes. Después de un año magnífico, enchufados con dos títulos, aclamados por un fútbol preciosista a la vez que contundente y espectacular, estamos en Roma con la ilusión plena de destronar al Rey. Pero, ojo, no caigamos en la tentación, a priori, de pensar que somos los más mejores. No hace falta. Es, incluso, enfermizo presentarse en una final pensando que tienes todos los ases en tu mano. Y, durante estos días, me ha llegado a dar la sensación de que lo damos todo por ganado, por hecho, por conquistado. La simpática cancioncilla del 'Copa, Lliga i Xampions' ha pasado de ser un simple sketch a convertirse en un himno que sobrepasa cualquier razonamiento. Es imposible leer en un diario deportivo cualquier llamada a la prudencia, escuchar un 'cuidado' en la radio o ver en la televisión un simple discurso realista.

¿Pesimismo? No, para nada. En absoluto. Pero recuerdo como hace muchos años viajamos a Sevilla con la única intención de recoger un trofeo sin reparar que había que pelearlo. Y como. hace menos, acudimos a Atenas poco menos que menospreciandio a un rival que después nos arrolló. La depresión posterior fue acojonante. ¿No hemos aprendido nada de todo aquello? Tenemos la ventaja, enorme, de jugar esta final sin la presión de otras veces. Si se gana será, simplemente, un año espectacular y para recordar siempre como el mes más maravilloso que hayamos vivido pero si se perdiera hay que tener la conciencia fresca como para acoger esa derrota con la mayor calma.

Soñemos con la gloria en Roma pero hagámoslo desde el respeto infinito a un rival que, hasta que no demostremos lo contrario en el campo, es el campeón y, por tanto, el mejor. Ojalá esta noche el trono cambie de dueño. Ojalá podamos a partir de esta noche presentarnos como los auténticos reyes del fútbol. Desde Víctor Valdés o Guardiola y hasta el último aficionado culé que lo vea en la soledad de su casa, todos queremos lo mismo, lo ansiamos y lo deseamos con locura. Pero no perdamos el norte antes de tiempo.

Som-hi nois. Es nuestro día.

martes, mayo 26, 2009

EL OLVIDO DEL DERROTADO

La historia, dicen, sólo premia a los ganadores. Al perdedor le queda el triste consuelo de haber estado ahí, luchando hasta el último esfuerzo pero la inmensa lástima de verse derrotado. Cuando una final no tiene color, o, al menos, tiene un protagonista muy por encima del rival, no hay discusión. El Dream Team fue vapuleado en Atenas por un colosal Milan que evitó al barcelonismo maldecir su desgracia como en Berna, de la misma manera que, por ejemplo y viniendo mucho más cerca en el tiempo, otro Milan ganó por la mínima pero con holgura al Liverpool en la misma capital griega. Pero historia de las finales europeas merecen su lugar de gloria perdedores inmensos como el Chelsea en Moscú, el Milan (siempre ahí) en Estambul, el Bayer Leverkusen en Glasgow o el València en San Siro. O como el propio Atlético de Madrid en Bruselas, hace ya una eternidad.

El Liverpool de Rafa Benítez protagonizó una remontada impensable en 2005 que le catapultó a la leyenda sin que se tenga ya en cuenta que aquel partido lo dominó de arriba a abajo un Milan infinitamente mejor. Tan superior en el juego como desgraciado en el resultado, la historia sólo tiene recuerdo para la épica inglesa sin reparar en el contrario. Y es que las finales no están para jugarse, sino para ganar. Hace diez años, en Birmingham, el Mallorca de Héctor Cúper se quedó a las puertas de ganar la última Recopa frente a la Lazio de la manera más desgraciada como un gol imposible de Nayim condenó a un Arsenal superior al Zaragoza en 1995 en París o Alavés o Espanyol fueron maltratados por la fortuna en 2001 y 2007 en aquellas finales de la Copa de la UEFA que merecieron conquistar y fueron, sin embargo, a parar a las vitrinas de Liverpool o Sevilla.

En Roma se presentan, dicen, los dos mejores equipos del mundo en la actualidad. Regresa el Barça a una final continental ofreciendo el que se considera mejor fútbol de la actualidad, el más atractivo, atrevido y ofensivo para plantar cara a la contundencia y perseverancia del campeón. Al Manchester United le debe preocupar bien poco el aura que acompaña a los de Guardiola porque no sólo es el campeón del mundo y el equipo más laureado de la actualidad, sino que se sabe tocado por la suerte en el momento máximo. Echando una mirada a su historia reciente, y no tan reciente, se descubre que desde un Solskjaer renacido y hasta un Macheda desconocido, este equipo es capaz de sacarse de la chistera a quien haga falta para sobrevivir en el momento más desesperado.

Y es por eso que el Barça no tiene otro camino que la fidelidad a si mismo para destronarle. Si el equipo de Guardiola ha llegado hasta aquí apostando por un estilo, se hace impensable que a la hora de la verdad busque la sorpresa para desconcertar al rival. Admirando la carrera de Giggs, la velocidad de Cristiano Ronaldo, la presencia de Tévez, la calidad de Carrick, la seguridad de Ferdinand, la fortaleza de Evra o la presencia de Van der Sar se da el primer paso al triunfo. Porque el Barça ofrece la explosión de Piqué, ofrece a Xavi, Iniesta, Messi, Henry, Eto'o o Touré. Ellos y nosotros; nosotros o ellos. No hay lugar para la piedad, sino para la entrega hasta el límite.

Será un combate épico y, si se cumplen las expectativas, inolvidable. ¿Inolvidable? No, para nada. No lo olvidará el vencedor porque el derrotado pasará página lo antes posible. Y ojalá éste papel le corresponda a ese United tan poderoso como afortunado tantas y tantas veces.

viernes, mayo 22, 2009

CANITO, LA MENTIRA

A raiz de toda la polémica desatada con el caso de Noemí Rubio, se ha multiplicado por el entorno españolista toda clase de exclamaciones defendiendo la acertada, o no, reacción de los dirigentes del Espanyol respecto a su decisión de 'despedir' a la futbolista. Ya no vale la pena darle más vueltas al suceso puesto que mientras los más recalcitantes piden poco menos que la excomunión de la deportista, los hay que consideran que 's'ha fet un gra masa' del tema. No es cuestión de entrar en valoraciones porque, de hecho, todo el mundo puede tener su razón. Todo es, siempre, según el color con que se mire, claro.
Lo que ocurre es que tomando a Noemí como ejemplo, se ha pretendido cambiar la historia. Y eso ya no. No es que valga la pena o no, es que, simplemente, no puede mantenerse como cierta una historia del todo falsa y que desde el mundo perico se ha querido elevar a los altares.

Se afirma que un buen día, hace ya muchos años (tantos que no son pocos los que hablan de ello sin ni tan sólo haber vivido aquel hecho) un futbolista llamado Canito, perteneciente al Barça, celebró un gol del Espanyol en pleno Camp Nou y durante un partido del Barça. Sí, es cierto. Ocurrió. Lo que no pasó es todo lo que se pretende a partir de ahí. Dicen que aquel hecho condenó a Canito hasta el punto que nunca más volvió a jugar con el Barça y tuvo que salir por piernas, poco menos, del club. Menuda falsedad...

El veinte de abril de 1980 se disputaba la jornada 30 de Primera División. En el Camp Nou se enfrentaba un Barça muy venido a menos (tanto que estaba incluso fuera de las posiciones UEFA) con el Athletic de Bilbao y en el Rico Pérez lo hacían el Hércules y el Espanyol. Tenía el Espanyol (14º) 24 puntos por 23 el Hércules, que antepenúltimo estaba en posición de descenso. Obviamente, aquel partido de Alicante marcaría el futuro del equipo que entrenaba entonces Vicente Miera. El Barça necesitaba ganar sí o sí para seguir aspirando a entrar en Europa y no podía perder el Espanyol si quería alejarse del descenso... y los dos ganaron. Allan Simonsen marcó el gol en el Camp Nou y Miliciades Morel lo hizo en el Rico Pérez. ¿Qué pasó? Pues pasó que, titular con el Barça de Helenio Herrera, a Canito no se le ocurrió otra cosa en pleno partido que levantar los brazos en señal de alegría cuando en el marcador lateral del estadi se anunció el gol del Espanyol y, claro, la reacción del público, primero de incredulidad por no saber la razón, fue de desaprobación al jugador. Desde entonces y hasta el final del partido se le pitó cada vez que tocó el balón... Nada más.

Nada más porque a la jornada siguiente, la 31, Canito fue titular y jugó los 90 minutos en Mestalla (entonces Luis Casanova) contra el Valencia (1-1) a la vez que en Sarrià el Espanyol certificaba su salvación ganando gracias a Ayfuch (uno de los paraguayos que mejor rendimiento le dio a Meler en la época) al Rayo Vallecano (aunque este detalle, en la historia, ya tiene poco que ver). Más aún, en el siguiente partido en el Camp Nou, contra el Rayo Vallecano (jornada 32), Canito siguió siendo titular y jugó los 90 minutos... ¿Sirve para algo bucear en la historia?

Por cierto, Canito se fue de vacaciones aquel verano de 1980 siendo futbolista del Barça y la siguiente temporada, la 80-81, siguió perteneciendo al Barça, si bien su presencia en el equipo ya fue poco menos que testimonial. ¿La razón? No quiera nadie seguir esgrimiendo ni su corazón blanquiazul ni un 'castigo' inexistente. La única razón es que aquel futbolista excepcional, precursor del 'todocampista' que tanto brillaba como líbero, como maravillaba de centrocampista o rendía de interior, que recuerdo aún haberle visto como lateral derecho o ser delantero centro, empezó a echar por la borda su vida deportiva primero y personal después.

Fichado en 1979 por 40 millones de pesetas (que no eran pocos en aquella época) más el pase de Bio (otro 'juguete roto'), Fortes y Amarillo al Espanyol, Canito volvió en 1981 a Sarrià en la operación de intercambio con Urruti. Y apenas si estuvo un año en el Espanyol porque, con sólo 25 años su presencia física había disminuido de tal manera que la directiva de Meler, no pudiendo reconducir su vida privada, decidió venderle al Betis. Pero aquel tipo de melena larga, sonrisa perenne y fútbol excepcional ya era más pasado que presente o futuro. La vida le trató demasiado mal y a los que, de alguna u otra manera disfrutamos de él, nos pesó su final.

Dejemos que Canito descanse en paz, sí. Pero no le quiera nadie utilizar en una guerra en la que nada, absolutamente nada, tiene que ver. Nunca renegó, como otros sí hicieron después, de su pasado españolista. Al contrario. Quizá por eso, en aquellos tiempos, el barcelonismo le comprendió mucho mejor de lo que se quiere ahora, interesadamente, hacer ver.

Y, por favor, no mintamos por mentir. Es lleig.

miércoles, mayo 20, 2009

TOCARA STOICHKOV, PARARA BAKERO...

... Xuta Koeman i... GOOOOOL. Son ya 17 años los que han pasado de aquella mágica noche y los que vivimos/sufrimos/disfrutamos en Wembley, en el bar, en casa, frente a una pantalla gigante o, simplemente, escuchando la radio no pueden/podemos olvidarlo. 'Pasarán más de mil años muchos más...' cantaban en un bolero mítico Los Panchos que viene como anillo al dedo para explicar lo que siente el barcelonismo ante aquel triángulo mágico. Lo que se sintió en el momento que Eusebio provocó aquella falta, el corazón encogido de tantos y tantos esperando el milagro o temiendo la catástrofe de unos penalties que ya asomaban. Y el éxtasis, la explosión de júbilo desbordado; las lágrimas de felicidad de toda una afición entregada, por fin, a la gloria.

Muchos dicen que Johan Cruyff cambió la historia del Barça y, pensándolo fríamente, es tan cierto como la suerte que siempre acompañó al holandés. La suerte del elegido que salvó el cargo una noche de abril en 1990 cuando Hugo Sánchez agredió a Aloisio en València y desembocó en una final de Copa que, ganada por los goles de Amor y Salinas, mantuvo al holandés en el cargo. Llegó después la Liga de turno (ganada con la gorra) y se dio paso a tres años de infarto colectivo y fútbol especial. Con Tenerife por partida doble y la dupla Djukic/González para rematar la leyenda. Sí, en Atenas se rompió el encanto, pero ese equipo, esa magia, esa leyenda, se hizo mayor una noche de primavera en Londres.

Había en las gradas del viejo Wembley barcelonistas de toda condición. Desde novatos que no habíamos estado en Sevilla seis años antes y sólo pensábamos en el triunfo hasta veteranos, los menos, que soportaban sobre la conciencia la decepción de Berna o el Pizjuán. Cuando Zubizarreta alargó una mano milagrosa ante Vialli, lo que muchos interpretaban como un canto al triunfo final, otros lo veían como la antesala de la tragedia; cuando Salinas o Stoichkov estuvieron en un tris de marcar ocurrió lo mismo... Cuando se llegó a la prórroga hubo quien lloró de nervios e impotencia temiendo lo peor. Pero, en ese mágico minuto 111 Koeman le dio la vuelta de manera definitiva a la historia del Barça.

Desde entonces nada ha sido igual. Se gana, se pierde, se disfruta o se fracasa desde una perspectiva distinta. El barcelonismo de nuevo cuño no soporta sobre su espalda el peso de la historia, de las decepciones y del catastrofismo. Y el veterano, el que vivió las épocas de sequía, de injusticias ciertas o inventadas, se ha acomodado también en este nuevo orden. La vía holandesa que parió con menos fortuna de la esperada Michels pero que Cruyff elevó a la máxima brillantez ha colocado en el escaparate a un Barça que poco tiene que ver con el pasado. incluso cuando después de la gloria de París, el equipo de Rijkaard se suicidó por la autocomplacencia (o por lo que sea), el barcelonista no se entregó a la decepción eterna. 'Volverán tiempos mejores' se decía quien más quien menos. Y esos tiempos, más rápido de lo esperado, están otra vez aquí.

No olvidemos, nunca, aquella noche de Wembley de la que se cumplen hoy 17 años. No lo permitamos porque el éxito del presente se gestó en aquellos tiempos, cuando el iluminado Dios cambió la historia de nuestro Barça. Tanto es así que después de un doblete mágico podemos acudir a Roma en busca de la eternidad. Y, sin embargo, no hay nadie que se plantee una posible derrota ante el Manchester United como una tragedia. Esa es la mejor de las victorias. Acudir a un partido único con la tranquilidad de que, levantando la Copa o viendo como la levanta el contrario, podremos volver a casa orgullosos. Si el veinte de mayo de 1992 esa Copa la hubiese ganado el Sampdoria, quizá la historia sería ahora mismo muy diferente...
¿Que Pep Guardiola tienemucha culpa en esta felicidad? Sin duda. El ha sido capaz a través de la fidelidad a sus ideas de dirigir con mano maestra este tránsito desde Cracovia hasta Roma, desde Soria hasta el Bernabéu, desde Benidorm y hasta València de convertir la duda en convencimiento. Somos lo que somos y a todo tenemos derecho a aspirar. En un abrir y cerrar de ojos ha conseguido que quienes dudaron del Barça caigan rendidos a sus pies. A través del fútbol. Y nada más. Que no es poco...

martes, mayo 19, 2009

NOEMÍ RUBIO

Puede alguien imaginarse al Barça despidiendo a Pau Gasol por celebrar la Copa que ganó el Espanyol en el año 2000? O rescindir el de Rafa Jofresa por proclamar en su día, siendo base del Barça, que el club de su corazón era el Espanyol? Se han rasgado las vestiduras en el Barça por la presencia de Milla en su equipo de veteranos que juega esa Liga indoor? Son, todos ellos, deportistas profesionales que se ganan, o se han ganado, muy pero que muy bien la vida y no han tenido que ocultar, ni rechazar, sus propias creencias. Pero, cuando se habla del Espanyol, ai, la cosa cambia.

Noemí Rubio, considerada una de las mejores futbolistas que hay en España, lleva cuatro años jugando en el Espanyol, al que llegó desde el Barça. No ha dudado en proclamar a los cuatro vientos lo bien tratada que se siente en el club blanquiazul en comparación a su etapa blaugrana y su integración en el españolismo estaba fuera de toda duda... Hasta que se descubrió que acudió como una culé más a València para apoyar al Barça en la final de la Copa de España que le enfrentó con el Athletic de Bilbao. Ai Deu meu... Pecado mortal. Vade retro, Satanás. Ahí se ha acabado todo para ella.

El españolismo más rancio le ha puesto la cruz. Poco importa que en alguna entrevista reconociese que era del Barça, que quería el triunfo del Barça (masculino) en un derby contra el Madrid pero que se sentía identificada al mil por cien con el Espanyol. Siendo, como es, un deporte minoritario y poco menos que invisible en los medios, todo pasaba desapercibido... Hasta que apareció la famosa foto de València. Desde entonces Noemí ha pasado a ser una apestada.

'La señorita que ven en la fotografía de este post disfrazada con trapos azulgranas es Noemí Rubio jugadora del RCD Espanyol de Barcelona femenino... Estando de acuerdo con la medida adoptada por el club, si considero que se queda algo corta, ya que el Espanyol debería haber puesto de patitas en la calle a esta jugadora'. Es lo más suave que se ha escrito de ella en alguno de los blogs del Espanyol que circulan en la red. Los comentarios, mejor obviarlos. Tratan como profesional a una deportista que, desde luego, no puede ni soñar con ganarse la vida con el deporte y que, para ellos, ya es una enemiga más.

Esta clase de gente no quiere el crecimiento propio; no suspira con ser un gran club. Sus valores pasan, ahí vuelve a demostrarse, con hacerse ver de cualquier manera atacando a todo aquello que se aparte de su pensamiento único. Poco, nada, importa que la Noemí de turno haya celebrado como la primera los goles que le ha marcado al Barça y haya disfrutado como una loca con las victorias del Espanyol porque, en el fondo no pueden soportar verla en una foto, privada, con otros colores que no son los suyos. Peor aún, con los colores del Barça. Que no es el enemigo deportivo, no. Para ellos es el enemigo vital, su razón de ser. Muestran, con hechos tan bajos, que no son pericos, simplemente son anti.

Supongo que estos mismos declararían a Raquel Cabezón enemiga pública por pasar en su día al Barça femenino desde su Espanyol. A pesar de que ésta, nunca, tuvo que ocultar su sentimiento españolista. En el Barça nadie, nunca, le echó en cara su procedencia ni amor por sus colores íntimos. Ahí se ve la diferencia. Es una pobre gente que le han puesto la cruz a una simple deportista. Que pena dan...

lunes, mayo 18, 2009

'SON COMO NOSOTROS'

¿Ha sido el método Guardiola la clave del éxito de este Barça superlativo? La imagen de seriedad, entrega, obsesión por la perfección y recursos tácticos del entrenador barcelonista explican, desde luego, el buen hacer del equipo a lo largo de la temporada. Sí. Pero no todo. Con una plantilla casi calcada a la de hace un año, el Barça ha convertido la mediocridad en éxtasis y han sido, a fin de cuentas, los futbolistas los que han hecho bueno el trabajo del entrenador. Catapultados por una crítica tan feroz y despiadada como merecida, los mismos jugadores que se arrastraron los dos últimos años han sacado nuevamente a la luz la brillantez que se les suponía y han demostrado que, muy probablemente, fue la dejadez de Rijkaard en lo que a disciplina se refiere lo que condenó a aquel maravilloso equipo liderado por Ronaldinho.

Ahora, cuando faltan líneas, páginas y espacio para elogiar a este equipo como el mejor de la historia (qué rápido encumbra y hunde el entorno) a su propio equipo, bueno es, o debería ser, darle al vestuario su parte de responsabilidad en los éxitos. Tanto como se le dio en el fracaso hace poco tiempo. Entre todos los elogios que la prensa se encarga de buscar con personajes del pasado, me quedé, ayer, con las palabras de Johnny Rep, aquel maravilloso extremo del Ajax de principios de los 70 que pasó después sin pena ni gloria por el València. "Son como nosotros" afirma el legendario '7' del Ajax tricampeón de Europa señalando que, más allá del trabajo, excelente del entrenador, "fuimos nosotros, los jugadores, los que impusimos ese estilo tan ofensivo". Y eso es lo que ha ocurrido, ocurre, en este Barça. Porque ya puede Guardiola enfatizar en la rapidez de balón, en la presión asfixiante de los delanteros y en la apertura del juego a las bandas que si sus jugadores no cumplen esos requisitos, el fracaso estará cantado.

Varios futbolistas del Athletic de Bilbao explicaron en los días previos a la final de Copa que su única posibilidad de anular la superioridad del Barça pasaba por superar los primeros instantes de presión de los delanteros, de mantener el balón más allá del centro del campo sin que los jugadores del Barça les robarán la posesión. Mientras les acompañaron la suerte y las fuerzas pudieron mantener a raya al campeón... Cuando éste impuso su ritmo se acabó lo que se daba. Tal cual ha ocurrido durante todo el curso y tal cual se explica el insultante dominio de este Barça ante casi casi todos los rivales esta temporada.
"Todos defendíamos y todos atacábamos. Yo, que era extremo, bajaba mucho a defender" rememora Rep de aquel equipo que engendró la 'Naranja mecánica' como excelente introducción a este equipo en el que Eto'o o Henry se convierten en los primeros zagueros del equipo y persiguen más incluso que Xavi o Iniesta el robo de balón. Es cierto que el fichaje de Alves se ha descubierto como excelente y la entrada de Piqué como extraordinaria, pero han sido los mismos que fracasaron en el pasado los que han dado la vuelta al calcetín para reencontrar el éxito.

Hay quien afirma que el Barça de Ronaldinho, el breve, se asemejó a la Argentina de Maradona en que hubo un futbolista por encima de todos los demás que acogió en primera persona el papel fundamental de genio. Aquella selección apenas si ganó el Mundial, que no es poco, de 1986, pero ni se hizo con el poder en la Copa América ni le alanzó para reeditar su gloria en 1990. Ahí estaban Valdano, Burruchaga, Batista o Pumpido pero fue Diego quien se llevó todos los honores como Ronaldinho lo hizo en el Barça por encima de todos sus compañeros. Hoy está Messi, sí, pero nadie olvida, ni quiere ni puede, que desde Piqué y hasta Henry, desde Eto'o y hasta Xavi, Iniesta, Touré o Valdés, ha sido la fuerza del colectivo la que ha encumbrado al Barça en lo m´sa alto, llevándole a un doblete que puede convertirse en un triplete mágico si el mejor equipo del mundo, el Manchester United, no lo impide.

¿El mejor equipo del mundo? Sí. Porque no olvidemos que, hoy por hoy, el Barça es el aspirante a destronar al United. Si lo consigue en Roma no sólo será el que más enamora, sino, también, el mejor, sin discusión para nadie. Hoy ese título sigue perteneciendo a un United que viene también de ganar la Liga y a ese éxito acompaña el Mundial de clubs al que se hizo acreedor tras ganar una Champions que defenderá como campeón. No lo olvidemos.

viernes, mayo 15, 2009

EL REY, EL HIMNO, LA BANDERA...

Y la pitada al Rey, la ausencia de banderas españolas en Mestalla o el abucheo generalizado a la Marcha Real. Y la pildora del día después, la crisis económica, la caída en la venta de los pisos, el paro, la recesión... Y Florentino y lo que haga falta. Y Tomás Guasch, Roncero, Hernáez, De la Morena, Poli, el Marca, el As, el ABC, La Razón, Esperanza, Rajoy, Bono, Jiménez Losantos, PedroJota, Sebastián o Ansón. Todo vale y nada es suficiente. Poco o nada importa que el Barça ganase la Copa de España ofreciendo una exhibición. Aparcado en un santiamén queda el perdón de Touré por sus malos gestos tras marcar su gol, la solidaridad de dos aficiones entregadas o la deportividad de los futbolistas de Guardiola aplaudiendo a la hundida hinchada del Athletic en las gradas del propio estadio de València. No. Lo que cuenta ahora es sacar a colación la ¿mala? imagen, lo peor de lo peor. Y los vándalos de Barcelona que tomando como rehén al nombre del Barça convirtieron el centro de la ciudad en un campo de batalla. Esos cientos de vándalos tienen tanto o más protagonismo que todo lo demás. ¿Tanta molestia es que exista un equipo que enamore a través, solamente, de su fútbol?

Los mismos que se echaban las manos a la cabeza escuchando la monumental pitada al himno español son los que en los octavos de final del último Mundial se sonreían haciendo chanza escuchando como sus paisanos, en Alemania, abucheaban los acordes de La Marsellesa antes del partido ante Francia. Y son los mismos que excusaban en 'la presión' cuando el Bernabéu en pleno abroncaba el himno otomano antes del España-Turquía de hace no tantas semanas. Y los mismos que juraban en arameo por lo sucedido en Mestalla bramando que eso no se había visto nunca en ningún sitio no saben, o no quieren saber (que es peor), que en el último partido de la selección francesa disputado en París, buena parte de los espectadores recibió de igual o peor manera a Sarkozy y abucheó el himno francés en una clara demostración del desapego y desacuerdo por muchas cosas en el país. Aquí, simplemente, se criminaliza a quien hace uso de su libertad de expresión. Quien pueda considerar que ese Rey ni le representa ni le sirve para nadamás que sumar impuestos es ya no un mal patriota, sino una mala persona.

¿Y el fútbol? A quien le importa, como cantaba Alaska. Es más mejor sacar a colación que Puyol, en un acto irresponsable y maleducado, se subió a una tarima 'por encima del Rey' contra todo protocolo para celebrar con los suyos, con sus aficionados, el éxito. Tiene más morbo 'inventar' (o no) que al señor Juan Carlos y familia les molestó ver a Guardiola mascando chicle mientras sonaba la Marcha Real y es muy noticiable destacar que el terrorista Piqué celebró el título con una bandera estelada en sus hombros. Quien guste de Federer por encima de Nadal, quien se sienta 'rojo' por mucho Alonso que exista, quien no soporte (por lo que sea) a Sergio García... Es una mala persona. Te harán sentir extraño por alegrarte del triunfo de la selección española de fútbol gracias a su juego porque no es lógico. Hay que apoyar no el espectáculo, sino la sangre y esos mismos que alabaron la excelencia de los españolitos en la última Eurocopa pueden ser, sin ruborizarse, los mismos que ahora le niegan el pan y la sal al equipo del que tomó ejemplo Luis Aragonés para triunfar. Los que no pudieron meter ni con calzador a Raúl para restar trascendencia a los Xavi, Iniesta o Cesc y se agarran como benditamente pueden a Casillas.

Ahora les aparece cual 'Salvador' Florentino Pérez para dejar en segundo plano al Barça. Y aunque mañana, el domingo o la próxima semana este Barça sume su segundo título, lo que contará será el inmediato renacimiento del Real Madrid para salvar la patria. Con suerte, piensan, el Manchester United (o Unai) frenará en Roma la catarata de títulos de este equipo que no es para ellos español. Es un grano en el culo que les ha salido a tantos y tantos que en el momento de las victorias se llenan la boca de excelencia para esconderla de la peor de las maneras si el éxito es de esos catalanes.

Ya lo decía Maragall en su 'Oda a Espanya': Escucha, España, la voz de un hijo que te habla en lengua no castellana: hablo en la lengua que me ha dado la tierra áspera: en esta lengua pocos te han hablado; en la otra, demasiado. Quizá deberían pensar que peores son los separadores que los separatistas o que, a fin de cuentas, aquellos son los que convierten a estos. Esta no ha sido su Copa, ni será su Liga ni, tampoco será (ojalá) su Champions. Pero sí la nuestra y ni el himno ni nadie podrá restarnos un ápice de alegría. Con su rabia se lo coman. Y que les aproveche.

jueves, mayo 14, 2009

PREMIO AL FUTBOL

Con una superioridad aplastante en juego, posesión de pelota, remates a puerta, ocasiones... ¿Cómo podía acabar esta final de otra manera? Fueron cuatro como pudieron ser siete y no los fueron porque el Barça, después de diez minutos supersónicos, levantó el pie del acelerador y buscó más la brillantez sin abusar que la humillación. Eso, claro, y vigilar la salud ante un equipo entregado futbolísticamente pero nunca en el orgullo. Aplauso para el Athletic, sí, pero ovación para el Barça. Cerrada, unánime y sin nada que objetar al triunfo.

Consciente de su inferioridad futbolística, Caparrós animó a los suyos a morder la hierba si era necesario para no dejarse amedrentar por el Barça. Fue, el primer cuarto de hora, un oasis en el desierto para el Athletic. Revolucionado hasta el límite, encontró petroleo después de un rechace a corner de Pinto que Toquero convirtió en milagro superando a los despistados aún jugadores del Barça. Y, sí, pareció que ese gol en frío dejaba tocado al Barça... Pero en un abrir y cerrar de ojos comenzó el rondo gigántesco, empezó a correr el balón y los de Guardiola acabaron por domesticar a un león sin garras. Y marcó Touré con un disparo mágico. Y la normalidad empezóa ser presente.

Herido el Athletic, le faltaba el estoque. No se hizo esperar apenas nada y en sólo nueve minutos Messi, Bojan y Xavi cerraron la final. ¿Hay algún argumento que pudiera poner en duda la lógica y la justicia del campeón? ¿Del marcador? ¿De lo sucedido? Ninguno. Podía, en buena lógica, soñar el Athletic con dar la campanada. Pero es tan absolutamente superior en todo, absolutamente todo, este Barça que ganó la Copa por obligación.

Ha caído el primero. El domingo, sino ya el sábado, puede y debe caer el segundo y en once días Roma espera el asalto final a la gloria. Este Barça puede o no ganar, pero visto lo visto, ofrece todas las garantías e ilusiones. Su fútbol merece el premio.

viernes, mayo 08, 2009

CAMPEONES CON O SIN TITULOS

Valdés, Puyol, Piqué, Xavi, Iniesta, Messi y quien sabe si Busquets serán titulares en la final de la Champions de Roma. A ellos añadamos a Bojan, habitual aunque no fijo, y tendremos una columna vertebral del Barça que no desprendía tanto sabor a casa desde hace... seis décadas! Cuando el fútbol se ha convertido en un espectáculo global, cuando desde la propia FIFA se intenta frenar el mercado libre con leyes que atentan contra la igualdad de condiciones entre ciudadanos de la UE para salvaguardar sus esencias, en una decisión tan polémica como, en el fondo, defensiva para el propio deporte, es gozoso comprobar como uno de los clubs punteros de todo el mundo ha conseguido hacer de sus raices un verdadero modus vivendi.

Los defensores de esta filosofía están de enhorabuena. Desde luego. Para quienes por encima de los títulos está la esencia, las raices y el compromiso es un verdadero placer comprobar que vale tanto, o más, tener en el equipo a un Puyol que a un Cannavaro o un Perea o un Nesta o un Ferdinand; a un Xavi que a un Van der Vaart, un Anderson, un Seedorf o un Juninho y que un Busquets puede perfectamente rivalizar con un Keita a la hora de pensar en una alineación. Ya no digamos del caso de un Messi, una suerte de lotería ganada hace muchos años a base de atrevimiento y que motiva que a nadie se le pudiera ocurrir rivalizar su presencia con el mismísimo Cristiano Ronaldo.

Hace tres décadas, en aquella infausta final de Atenas que cerró la etapa gloriosa del Dream Team, Johan Cruyff contaba con Ferrer, Guardiola, Sergi, Amor... y para de contar. Eran la entonces orgullosa y hoy considerada escasa representación canterana de un equipo que con el tiempo ha ido aumentando su importancia. Muy poco después de aquello, y por motivos diversos, ascendió al primer plano una serie de futbolistas que le dieron alclub por primera vez en muchos años un adn personal. Fue, un 0-7 en Israel o 1-5 en Betis, la demostración que sí se podía. Pero el difícil momento que a todos los niveles se empezaba a vivir en el club se llevó por delante a aquella generación de los Quique, Celades, De la Peña, Velamazán, Roger, Óscar, Arpón o Moreno que, en muchos casos, acabaron desarrollando carreras menores incapaces de mostrar una valía que en el Camp Nou, y al lado jugadores como Figo, Ronaldo, Popescu, Luis Enrique, Nadal o Abelardo habrìan podido iniciar una época, quien sabe, maravillosa. En el penúltimo y explosivo año de Cruyff se perdió la final de Copa en la prórroga contra el Atlético , se quedó a un paso de la final de la UEFA ante el Bayern y se cedió la Liga en un partido, en el Camp Nou, en el que un tal Caminero destrozó, acaso sin saberlo, las ilusiones futuras. Cuando llegó Robson, el simpático abuelo, desde el club se le conminó a golpe de talonario a acabar con todo lo que recordase a Cruyff y aquella cantera con tanto futuro fue borrada de un plumazo. Hoy son apenas un recuerdo. Para muchos de lo que pudo ser y no fue, para otros, una panda de fracasados. Formas de verlo.

La genial gestión de la cantera en los últimos años, sin embargo, lleva tiempo dando frutos y lo que inició otro apestado como Van Gaal lo siguió Rijkaard y ha acabado por explotarlo, a lo grande, Pep Guardiola. Representante como el que más de los valores (para lo bueno y para lo malo) de lo que es un canterano, el hoy entrenador del Barça sabe lo que de cualquiera de ellos puede esperar, lo que le puede exigir y, también, lo que no hace falta que le diga. Es indudable la calidad exquisita de Henry o de Alves o de Eto'o y la importancia de Touré, Márquez o Abidal. Pero, ¿es el mismo compromiso, ilusión, rabia, frustración y alegría íntima que el de Iniesta, Piqué, Puyol o Xavi? Ellos, los canteranos, son la representación máxima de todos los barcelonistas que acuden al estadi desde siempre. Son los que han alcanzado lo que todos los aficionados quisieron ser, la condición de estrellas del Barça. No se puede dudar de ellos. ¿O sí?

Después de ver lo que pasó con Laudrup o con Figo no queramos creernos a pies juntillas que Dani Alves es un culé de cuna o que Eto'o jamás sería capaz de dejar el club. Son del Barça, y por fortuna ojalá lo sigan siendo. Pero ellos no tienen ese componente de Messi o Xavi, no nos engañemos. Y, también, alegrémonos por Arteta, por Cesc, por Sergio García y hasta, ojalá, por Fran Mérida y tantos otros que acabarán triunfando lejos del Camp Nou porque, por lo que sea, aquí no tuvieron la fortuna de estar en el momento adecuado en el sitio oportuno. Allá donde vayan, seguirán representando el espíritu Barça.
Y soñemos con besar el éxito el domingo ante el Villarreal; sigamos soñando con ganar la Copa ante un Athletic de Bilbao que, paladín de la cantera, tendrá menos en el césped de Mestalla que el propio Barça. Y, como colofón, soñemos con la gloria de Roma. Allá nos presentaremos con un currículum inmaculado, con una temporada a las espaldas de cine, con una apuesta tan genial como maravillosa. Con un grupo de futbolistas que disfrutarán, como barcelonistas, tanto como los aficionados que tengan la suerte de estar en las gradas o los millones que lo sufran ante el televisor. Vamos a plantar cara al equipo más rico del mundo. Ante un United que ha pagado una verdadera fortuna por contar con Ferdinand, Vidic, Anderson, Rooney, Nani, Carrick o Cristiano Ronaldo, el Barça se presentará con la esencia del fútbol.

Sea quien sea el campeón en Roma, este Barça ya ha ganado.

jueves, mayo 07, 2009

TOMA CHELSEA, TOMA. TU A CASA Y YO A ROMA

Fue el vuelo de Bakero en Kaiserslautern. Pero mucho más que eso. El Urruti t'estimo de Valladolid, el sprint de Zuviría frente al Anderlecht, el vuelo de Marcos en La Romareda, la cesión de Sanchís en Tenerife o el Penalty de Djukic en Riazor. Fueron milagros oportunos que se convirtieron al barcelonismo en momentos épicos y precisos. Llegaron cuando el fútbol no podía darle la espalda al Barça y entraron en la leyenda. Es, tal cual, lo que ocurrió ayer con Iniesta en Londres. Apenas cuatro días después del concierto en el Bernabéu tocó el bombazo en Stamford Bridge. Si no por el partido en si mismo, la fortuna merecía volver a darle un abrazo al Barça. Le acompañaba un curso demasiado bueno como para suspender de esta manera la asignatura europea.

No hay que engañarse. De la misma manera que debemos considerar de risa la amarilla que apartará a Alves de la final y vergonzosa la expulsión de Abidal, si la mano de Piqué, el dudoso agarrón de Alves a Malouda o el tropiezo entre Touré y Drogba hubieran sido en el área contraria habríamos clamado al cielo y llamado al mismísimo Satanás para que acabase con los enemigos. Ocurrió en la ida con un penalty de libro a Henry que se comió el árbitro... Así que bien está reconocer (para futuras polémicas) que lo que te dan hoy mañana y/o ayer ya tr elo quitarán/quitaron. Pero estaremos en Roma. Durante todo el año, a base de brillantez y magnificencia este Barça ha crecido hasta el infinito y más allá. Ha ido superando obstáculos a base de fútbol, con tanta solidez como buen fútbol. El sábado, en Madrid, aplastó a un rival de juguete que salió a jugar de cara y acabó tendido de culo, rendido a la evidencia y saludando al nuevo campeón.

Y, ¿qué faltaba? Esto. Ni más ni menos. No ha sido un canto a la excelencia pero ha sido el momento en que al campeón le ha acompañado la suerte del campeón. El Barça ha enamorado demasiado con su fútbol en muchos instantes de esta temporada como para que ahora, en un reto a cara de perro con un magnífico pero antiestético rival como el Chelsea, el fútbol le diera la espalda y premiase a un equipo que sólo buscó el éxito a través de la casualidad, nunca por el juego. El campeón, a fin de cuentas, siempre necesita su instante de suerte y éste ha llegado en Stamford Bridge, cuando ya ni Bakero creía en el milagro o Urruti, desde el cielo, giraba los ojos hacia otro lado.

En veinte días, en Roma, el Barça se verá las caras con el equipo más afortunado de Europa. El Manchester United que ha ganado tantas finales continentales como ha jugado... Y todas ellas salpicadas por una fortuna que ya querría cualquiera. Ganó la Copa de Europa de 1968 en la prórroga (4-1) después de salvarse de milagro de encajar el 1-2 casi en el minuto 90 ante el Benfica de Eusebio; en 1999 ganó la segunda remontando (2-1) al Bayern Múnich en el último suspiro con dos goles y en 2008 logró la tercera ante el Chelsea, en los penalties, merced al resbalón más cruel de la carrera de John Terry. Tres finales y tres trofeos, más una Recopa, en 1991, ganada al Barça (2-1) con sendos goles de Hughes... y uno anulado injustamente casi al final a Pinilla que conducía a la prórroga. Así que no pidamos suerte en Roma. Simplemente, tal cual, disfrutemos del momento sabiendo que allí, en la final, los diablos rojos necesitarán algo más que suerte para arrodillar a un equipo que siendo ya mágico, cabalga con una elegancia exquisita hacia la leyenda.

domingo, mayo 03, 2009

SUBLIME APLASTAMIENTO

Cuando Sergio Ramos se rifó a Abidal y le regaló ese centro envenenado que Higuaín convirtió en gol ante la abstención de la defensa, más de uno pensó, o pensamos (seamos justos), que el milagro semanal de este empequeñecido Real Madrid iba a convertir el final de temporada blaugrana en un camino lleno de espinas. Pero, vive Dios!, el Barça rompió cualquier duda que pudiera existir. Era, es, mejor, infinitamente mejor, que el Real Madrid y viendo lo que unos y otros ofrecían no era más que cuestión de tiempo que se acabase por demostrar en el marcador. ¿Se demostró? Cuántas veces, después de una victoria holgada pero corta, nos hemos maldecido por no habereles 'machacado'... Recuerdo algún 3-0 en el templo y, sin ir más lejos, el 2-0 de la primera vuelta en que acababas contento por el triunfo pero algo desangelado por no haber destrozado a un Madrid, pensábamos, de pena. Ayer hasta eso saltó por los aires. Fueron seis como pudieron ser diez. Y a cada atrevimiento madridista por discutir la supremacía de los de Guardiola, respondió el Barça con una nueva maravilla, con un nuevo golpe directo, con una contundencia que, ahora sí, podemos decir que nunca habíamos visto.

Este Barça ha enterrado la leyenda del 0-5 y ha guardado en el baúl al Dream Team. Ha dejado, incluso, en segundo plano, el recuerdo de Ronaldinho y antes de levantar un único trofeo ya se ha hecho con un lugar en el imaginario culé. Puede que en Stamford Bridge el Chelsea nos baje de la nube (aunque difícil parece) y puede, también, que el Athletic de Bilbao gane a la lógica en la final de Mestalla. Si ganar los tres títulos es, a la vista de lo sucedido, lo más lógico y hasta justo, no conseguirlos, acabar con dos o sólo uno, no debería ensombrecer para nada esta temporada mágica. A los que llevamos tantos años de alegrías como de sinsabores, nos han ayudado a reconciliarnos con la estética que siempre nos gustó y a los recién llegados, a los niños que se dejan alumbrar por la belleza del fútbol, les han enamorado.

Solamente por eso merecen Guardiola y su grupo nuestro agradecimiento. Acudir a una cita como la del Bernabéu con el atrevimiento que lo hizo, en el momento cumbre de la temporada y ofrecer un concierto de tal magnitud es algo que no se olvida así como así. Ayer no sólo se ganó la Liga. Ayer se demostró al mundo que este fútbol del que todos tanto sabemos está en manos de los mejores. "Los triunfos llegan a través del buen juego" dijo hace ya muchos años nuestro entrenador, cuando era mariscal en el campo. Ahora, que lo es desde la banda, ha demostrado que tenía, y tiene, toda la razón. Disfrutémoslo porque vale la pena. Visto lo visto, estamos, por derecho propio, ante el inicio de una maravillosa época. No la estropeemos haciendo saña del perdedor y disfrutemos como enanos de nuestra gloria.