BIEN ESTA LO QUE BIEN ACABA
La goleada que se fraguó a lo largo de toda la semana quedó en un ¿raquítico? 2-0. Más que suficiente para poner las cosas en su sitio, mostrar quien lleva los galones en la Liga y dejar al Real Madrid tocado de muerte... sino muerto del todo en pleno mes de diciembre. No fue, era lógico, un paseo militar. Disminuido en todas sus facetas, el Madrid acudió al Camp Nou acogiendo sin un atisbo de vergüenza el papel de modesto. Encerrado atrás sin contemplaciones, juntado al máximo sus líneas, perdiendo tiempo con descaro y buscando una contra milagrosa, era esperar demasiado ante un rival tan superior como poderoso. Y, sin embargo, al Barça le costó un mundo hacerse con las riendas del partido. Sergio Ramos tapó a Messi, la lluvia desdibujó a Eto'o, la tela de araña del centro del campo anuló a Xavi, Alves no cabalgó como se le espera y el Barça acusó todas esas inclemencias.Incapaz de dar un golpe de autoridad, el equipo de Guardiola se ajustó al guión que tuteló el Madrid. Como si del Liverpool de Benítez se tratara, el equipo de Juande se hizo fuerte atrás y a medida que pasaron los minutos anuló las ideas al teórico rival superior. De la goleada, cuando apenas se llevaba media hora de partido, ya nadie debía acordarse. Pero, no hay que negar la evidencia, el Madrid era un equipo no sólo inferior, sino herido en todo. Sin fútbol que ofrecer, estaba huérfano de no pocos jugadores y cuando Sneijder también cayó, se entregó a la épica para salir vivo del envite.
Pero era cuestión de tiempo que la lógica se viera en el marcador. Eto'o, encegado con su irregular, por no decir mediocre actuación, regaló un penalty a Casillas, pero el rush final del partido envalentonó al Barça, rindió físicamente al Madrid y llegó lo que tenía que llegar. La lógica imperó, el equipo de Juande dobló la rodilla y poco menos que entregó la Liga. Doce puntos, viendo como van las cosas, son muchos, demasiados, como para suponer que se borrarán. Y como bien está lo que bien acaba, disfrutemos de lo vivido. Salieron con la cabeza alta del Camp Nou, pero hundidos en el campeonato. Este ya no es el suyo. Es el nuestro.


un futbolista, fuera cual fuese su pasado o presente, debía ganarse paso a paso su futuro y que decía que renovaciones que fuesen más allá de los tres años cuando el jugador estaba ya en la barrera de los treinta eran poco menos que un suicidio para el club. El mismo, sin ir más lejos, finiquitó la carrera blaugrana de Jon Andoni Goikoetxea en el verano de 1994 porque no se avino a acordar con el representante del futbolista una prolongación de su contrato que vencía un año después hasta 1997. "Que se lo gane en el campo porque el pasado no rinde en el futuro" aún recuerdo que dijo el entonces entrenador holandés en pleno stage de pretemporada. Y Goikoetxea, de 28 años, se marchó al Athletic de Bilbao.


