Señora... Estamos en una misión de Dios

lunes, septiembre 29, 2008

EN CRECIMIENTO

Una treintena de remates a puerta; dos balones al palo, dos disparos salvados por la defensa en la misma línea de gol y otras tantas ocasiones milagrosamente salvadas por Kameni. Remontada sublime, con el tiempo prácticamente cumplido, y victoria. ¿Es lícito poner en duda la victoria del Barça? ¿Puede argumentar nadie que fuera inmerecida? Ni la vergonzosa movida de las vengalas, ni la discutible segunda tarjeta amarilla a Nené ni los errores, que los tuvo, del árbitro, pueden ni deben ocultar la solidez del triunfo del Barça. Supo irse arriba después del ilegal gol del Espanyol (cantada incluida de Valdés) y atacó con todo hasta encontrar el premio. Que no venga nadie con prostituciones baratas ni ayudas irreales. Porque si es jodido saber ganar, mucho más lo es saber perder. A la vista está quienes no han sabido.

El Barça, más allá de todas las movidas, demostró su crecimiento en Montjuïc. Sigue haciendo aguas en la zaga, donde Piqué y Puyol no ofrecen la consistencia necesaria, donde Abidal continua siendo un cero a la izquierda y donde Dani Alves apunta geniales maneras ofensivas en la misma medida que defensivamente deja mucho que desear. De Víctor Valdés casi mejor ni hablar. Por mucha falta que le hiciera Luis García en el gol, es ridículo que un portero se deje robar la cartera de ese modo en su propia zona prohibida. No sé la razón, pero este portero a cada día que pasa empequeñece....
Pero de medio campo hacia adelante el Barça se solidifica de manera constante. Xavi e Iniesta llevan los galones de manera firme. A pesar de críticas gratuitas al primero. Gudjohnsen, exento de brillantez, otorgó unos apoyos más que interesantes y el crecimiento de Busquets no ofrece ninguna duda. Es bueno, mucho, y chulo, un rato. Viéndole jugar uno se pregunta qué fueron a buscar los Begiristaines de turno en el mercado de verano. Porque, lo siento, Keita me sigue despertando dudas y Touré parece haber caído en una depresión futbolística difícil de explicar.

Arriba no hay dudas. Cuando Messi recuerda que juega en un colectivo alcanza un nivel sublime. No hace falta buscar la jugada del año a cada oportunidad y al entender eso gana él y ganan todos. Aunque la clave, para mi, estuvo, está, en la (POR FIN) apuesta de Guardiola con Henry. Es cierto que marcó un gol afortunado (pero menuda asistencia de Xavi y menudo control con el exterior que hizo). Pero, más allá de esa jugada, el francés demostró que a pesar de no ser un delantero centro estático como a veces reclama este sistema, sus incursiones por el centro, con más libertad de movimientos que en las bandas, le convierten en un tipo letal.
A mi, salvando las distancias, claro, su caso me recuerda a uno que existió en el Barça hace tres décadas, cuando después de hincharse a marcar goles en su primera temporada, a Krankl le sumaron en ataque el fichaje de Quini. Dos depredadores del área que se estorbaron de mala manera y demostraron que futbolísticamente eran poco menos que incompatibles. Aunque es duro de admitir, me parece que eso es lo que sucede con Eto'o y Henry. Apostar por uno u otro es difícil, pero peor es calzar al equipo con ambos juntos.

El Barça ganó, ajustadamente, pero con toda justicia. Y ya pueden ladrar aquellos que se excusan ahora con sandeces. Lo que ocurrió en la grada me lleva a pensar en la primera vez que acudí a un partido en Inglaterra. No siendo abonado del Tottenham, en White Hart Lane, nos pasaron por unos tornos en los que nos cachearon de arriba a abajo. Y en Montjuïc, los servicios de ¿seguridad? se columpiaron de mala manera con aquellos energúmenos que entraron a la grada lo que quisieron. Manda narices que, encima, ahora se quejen. Acusemos a Laporta de mil cosas. Pero no de su enfrentamiento con estos vándalos. Es de lo único que podemos, y debemos, aplaudirle.

jueves, septiembre 25, 2008

FUMANDO ESPERO

Optimistas impenitentes al lado de pesimistas incorregibles. Creyentes convencidos junto a incrédulos incurables. Todos esperábamos expectantes el concierto del miércoles en el Camp Nou. El Barça venía de darse un homenaje en El Molinón y el Betis era, debía ser, la prueba definitiva del crecimiento de este equipo. ¿El resultado? Se ganó. Bueno es, sí. ¿La conclusión? Ninguna. Las dudas permanecen. Cuatro partidos de Liga y siete oficiales después de comenzar la temporada no son suficientes para tener un diagnóstico claro y conciso de lo que puede esperarse de este equipo. Y eso es malo. Se mire por donde se mire.

Guardiola sigue tocando teclas y utilizando su plantilla en la búsqueda de la excelencia bajo el disfraz de unas rotaciones que ayer afectaron a Puyol, dieron la alternativa a Cáceres, ofrecieron la oportunidad a Touré y demostraron que el peso específico de Henry en el Camp Nou es poco menos que inexistente. Iniesta parece haberse ganado el derecho a convertirse en el exterior zurdo fijo del equipo, Eto'o aprovechó, por fin, la oportunidad y durante no pocos minutos el Barça dio a entender que está en el camino correcto para triunfar. Los optimistas, cuando se llegó al descanso con dos goles de ventaja, tenían motivos suficientes para sonreir... Pero para nada aquello fue definitivo.

Como en una repetición del partido ante el Sporting de Lisboa, el Barça tiró de sus mejores virtudes para empequeñecer al rival. Abrió el campo, circuló a velocidad de vértigo y durante algunos instantes se acercó a la perfección. Messi, incluso, aparcó su mala costumbre de jugar solo y el colectivo lo agradeció con dos goles como dos soles que abrieron de par en par las puertas a las mejores sensaciones. Pero el maldito descanso se convirtió en un sedante que le dio vida al rival y lo que antes había sido velocidad se convirtió después en lentitud, la agilidad en autodestrucción y ese Betis malherido renació de sus cenizas para devolver todas las dudas al barcelonismo.
Un error de la barrera y un despiste en una contra fueron suficientes. Como por arte de magia la ventaja se evaporó y durante no pocos minutos se volvió a dudar del presente y futuro del Barça de Guardiola. Se ganó gracias a una fugaz aparición de Gudjohnsen, quien demostró que es un tipo muy aprovechable si es utilizado en su puesto natural, y se puede dar gracias a la providencia porque Daudén no supo o no quiso ver un penalty de libro de Cáceres a Sergio García que puso en duda el acierto de quien decidió apostar por este inexperto central uruguayo. Si su desconcierto llega a protagonizarlo un tal Oleguer habría quien a estas horas se estaría tirando de los pelos...

Con nueve goles en dos partidos, el Barça sumó su segunda victoria consecutiva y se apresta al asalto de Montjuïc con tantas luces como sombras. Si la goleada de Gijón no se puede tener demasiado en cuenta, el sufrimiento ante el Betis debe ser una alerta de primer orden porque de la misma manera que salió ayer cara, en otro partido saldrá cruz. Delante se va cumpliendo tal como atrás se sigue sufriendo de una manera que no se recordaba. Alves y Márquez cumplen el papel sin exageraciones pero da pavor contemplar el descontrol de Abidal y asusta observar el debut de un Cáceres al que, ojalá, recordemos su debut como un simple accidente.

Y, mientras, seguimos esperando. Armados de paciencia, todos juntos, los optimistas impenitentes y los pesimistas incorregibles; los creyentes y los incrédulos. El barcelonismo en pleno espera a ver qué es capaz de ofrecerle en el futuro inmediato este Barça. Ayer se enlazó la tercera victoria consecutiva pero se dejó escapar la oportunidad de crecer como equipo. Hay buenos mimbres y buenas sensaciones. Pero se apagan por errores de bulto y caídas en la mediocridad que amenazan la buena salud que se quiere vender a toda costa.

viernes, septiembre 19, 2008

EL MANUAL

Recuerdo, vagamente, aquella temporada 1973-74, la famosa de Cruyff. Michels apostó decididamente por un once concreto en el que Gallego, un recio central, de los mejores de la época, perdió la titularidad y se convirtió en el jugador número doce del equipo. El y Reina (que se marchó al Atlético) fueron los grandes damnificados en favor de Torres y Sadurní. Bien. Pues a pesar de la aplastante superioridad del Barça durante toda la temporada, recuerdo escuchar a mi lado, en la grada del Camp Nou, no pocas críticas a la decisión del entrenador holandés.

Esta crítica hacia todo se ha convertido en una constante y he descubierto que va ligado a este club. Y no sólo en temas deportivos, sino también sociales. Famosa es en la época presidencial de Núñez la distinción entre el buen y el mal barcelonista en razón a su nivel crítico con el modelo de gestión del Barça. 'Al soci no se'l pot enganyar' se convirtió en una frase mítica de un mandatario que sufrió en su persona no poca chanza y no menos ataques desde todos los ámbitos, el político incluso. También hubo el año famoso en el que un entrenador, Udo Latekk, condenó al más absoluto de los ostracismos al intocable Migueli ante el pasmo general o los entrenamientos vespertinos de Menotti. Cuando alguien osaba criticar algo era tildado de mal barcelonista y, más aún, cuando la crítica se dirigía directamente al palco, a las actuaciones de Gaspart o los amaneramientos de Casaus, las reacciones eran inmediatas.

Cuando a finales de 1997 se dio a conocer la plataforma 'L'Elefant Blau' el Barça vivía ya como club instalado en la guerra civil. Desde que el enfrentamiento entre Núñez y Cruyff tomó un camino sin retorno en 1995 y desembocó en el fulminante despido del holandés en mayo de 1996 la vida deportiva del Barça pasó a un segundo plano y la separación entre buenos y malos adquirió todo el protagonismo. Joan Laporta acogió a todos los descontentos que habían nacido ocho años antes (cuando el famoso GOB) y con el inestimable apoyo de Johan Cruyff convirtió los últimos años del mandato de Núñez en un camino de espinas.

La anterior temporada, la 1996-97, fue poco menos que una locura con un entrenador (Robson)viviendo al borde de un ataque de nervios a pesar de los goles de Ronaldo y de no ganar la Liga (bueno es recordarlo) por un par de decisiones arbitrales más que discutibles amén del harakiri por duplicado ante el Hércules.

Laporta, en 2003, arrasó en las urnas gracias a un discurso rompedor y devolvió al Barça a lo más alto. Tan cierto es eso como que apenas una semana después de ganar las elecciones comenzó a traicionar a sus electores (su criminal aumento de cuotas no tiene perdón) y con el paso del tiempo mutó a un dirigente tal alejado de sus consocios como entregado a la grandeza del poder. Lo que tanto había criticado años antes era su espejo y el mismo Cruyff que destrozó a Robson o Van Gaal sin importarle un ápice la paz del Barça, se convirtió en el principal defensor del poder. Bueno, y así sigue siendo.

En los últimos tiempos el Barça ha regresado a ese pasado. Es moneda común comprobar como cualquier crítica a Joan Laporta se interpreta como un ataque al Barça y, de manera exagerada, como toda decisión de Pep Guardiola en el Banquillo tiene defensores ciegos y críticos exagerados. Todo aquel que se atreve a poner en duda la brillantez y/o el futuro de este equipo corre el riesgo de ser llamado mal barcelonista o, incluso, de ser considerado un pobre amargado. Quien no disfrutase con el empate ante el Racing o considerase algo más que un accidente la derrota en Soria o no sabe de fútbol o solamente desea la caída del poder, sin importarle la suerte del equipo.

Más aún, considerar extraño el ostracismo de Bojan (acertado o no) y ver con malos ojos el juego de Messi es un pecado. Como lo es dudar del rendimiento actual de Alves, no entender el fichaje de Hleb o Keita o poner el grito en el cielo (por el momento) por la invisibilidad de un Cáceres del que sólo conocemos su precio.

El manual del buen barcelonista, por lo visto, tiene un sólo mandamiento y éste es aplaudir, comprender y apoyar todas y cada una de las actuaciones de los responsables del club. En todos los ámbitos. Nadie tiene el derecho a no sentirse representado por un presidente como el actual. Por mucho que éste, Laporta, haya dado buenas razones para ello. Nadie tiene el derecho no ya a criticar, sino a poner en duda esta o aquella decisión de Guardiola porque Pep, el mismo que juró en 2003 que jamás volvería al Barça con el ganador de aquellas elecciones y que hoy es su gran y último escudo, vive, de momento, por encima del bien y del mal. Apadrinado directamente por Johan Cruyff y apoyado por no pocos periodistas de peso en el entorno del Barça, el entrenador disfruta de una tregua que para si habría querido el bueno de Robson hace una docena de años.

Y, naturalmente, los medios hacen poco menos que la vista gorda ante cualquier síntoma de debilidad en el campo. Si aparece Maradona criticando a Messi, los ataques a Diego son descomunales. Porque aquí, señoras y señores, no pasa nada. Nunca pasa nada. Como no pasó nada aquella noche de Mónaco, cuando el Sevilla atropelló a un Barça borracho de títulos en 2006 y comenzó el fin de la era Rijkaard de la peor de las maneras. Aún recuerdo como, después de perder el Mundial de clubs, había quien se burlaba del Real Madrid en los medios considerando 'imposible' que el Barça no fuera campeón. Y todo el que se atrevía a dudar del equipo, de Ronaldinho, de Eto'o, Rijkaard y de la gestión directiva era, claro, un mal barcelonista.

La historia, en el Barça, siempre se repite. Porque los malos de ayer, que hoy son los buenos, no han sabido, o querido, aprender de aquellos errores. Al contrario, se han instalado en ellos de la manera más cómoda. Y el buen barcelonista, el que sabe el manual de memoria, está presto para saltarle a la yugular a cualquiera que se atreva a tener una voz discordante.

miércoles, septiembre 17, 2008

FELIZ TREGUA


Volvió a sonar la música de la Champions en el Camp Nou y el Barça se dio una tregua en la búsqueda desesperada de la felicidad. Sigue sin encontrarla, pero ante el Sporting de Lisboa, por lo menos, se adaptó mejor a su papel de favorito y cumplió el expediente. Sin más. Pero, tal y como están las cosas eso no es poco. Sumar se ha convertido, de momento, en el objetivo irrenunciable de este equipo, una filosofía muy alejada del ideal de su entrenador, quien siempre priorizó el juego a los resultados hasta que, sin reconocerlo, se ha visto atrapado por la necesidad.

El Sporting, un equipo-comparsa en Europa, le duró apenas veinte minutos al Barça en su examen. Antes de que Márquez abriese la lata con un excelente cabezazo que dejó en evidencia al tal Rui Patricio, el equipo de Guardiola había generado no menos de media docena de buenas intenciones que se habían estrellado ante su propia inoperancia final. Un estúpido y claro penalty le dio aire después a un Barça ahogado y le regaló a Eto'o la oportunidad de redimirse. Después llegó la cantada de turno en defensa para dar vida al rival y la sentencia de un Xavi que, a pesar de tantos, fue vital para dormir felices. Este sería el resumen rápido, fácil y sin mentiras, de lo que ocurrió en este estreno de Champions.

Pero hay más. La tristeza de ver tanto cemento en las gradas; lo que invita a pensar que la afición no está tanto al lado del equipo como podría suponerse y esperarse es un toque de atención más dirigido al banquillo que al palco porque, a fin de cuentas, lo que ilusiona es el fútbol y no la política de la zona ¿noble? Y, más allá de felicitarse por el triunfo, bien haría Guardiola en comenzar a preguntarse qué está pasando aquí. Cuando él estaba en el césped, hace tres lustros, la hinchada llenaba la grada ávida de su equipo, sin importarle el rival, cuando Europa llamaba a las puertas. Y eso hoy ya no ocurre.

Pero sigue habiendo más situaciones que lleven a la reflexión por encima de un simple resultado. De entrada a este Sporting le alcanzaron con apenas tres remates para marcar un gol, dejando en evidencia la insolvencia defensiva del equipo. Cáceres sigue desaparecido y Pep dio a entender una apuesta de tres zagueros, con Puyol volviendo a la izquierda muchos año después, para adelantar la posición de Alves dejando a su espalda a un Piqué en crecimiento pero aún desorientado en ocasiones. Lo del brasileño tiene síntomas de convertirse en un problema. Adivinar en él al jugador que encandilaba en Sevilla es poco menos que imposible porque el juego del Barça y de su antiguo equipo tiene, debe tener, muy poco que ver. Pero resulta descorazonador verle en ocasiones tan perdido, atolondrado y falto de ese punch que le convirtió en verano en el fichaje estrella.

Bien, a secas, el centro del campo, donde Xavi e Iniesta se repartieron a partes iguales la frialdad y la profundidad, Keita me mostró otra vez la dificultad de adivinar la razón de su fichaje. Si ya dudaba de él, el sábado Busquets me lo puso más difícil si cabe. Pero es en la parte delantera donde la maravilla se convierte en desazón. Eto'o sigue en caída libre y ni el penalty debería ocultar que está a años luz de aquel depredador que nos entusiasmó; Henry quiere pero no puede. Condenado a la banda, traicionado por una promesa no cumplida al comenzar la pretemporada, me temo que el francés caerá en la más absoluta de las mediocridades en no mucho tiempo. Y Messi... Es otra cosa.

Porque, sí, algo pasa con Messi. Hubo una jugada en la que, tras perder el balón en la banda, junto a la tribuna, Leo olvidó el juego y se lamentó, brazos en alto, ofreciendo una imagen tan lamentable como insólita en él. Más allá, ¿qué hizo? Tres o cuatro slaloms vertiginosos que acabaron en nada porque sigue jugando solo, viendo sus compañeros que el crack del proyecto se tira de cabeza a la excelencia cueste lo que cueste. Y lo que cuesta es que cada día salga una jugada como la del Getafe famoso. Y así no se va a ninguna parte. Eso sí, críticas, de momento, cero patatero. Intocable.

Como intocable es Bojan en el fondo del banquillo. Cuesta entender las razones por las que Guardiola le ha relegado al más absoluto ostracismo mientras Pedro se pellizca para creer su buena estrella. De momento, para la oficialidad, el entrenador tiene bula y sus curiosos criterios, sus decisiones 'cruyfianas' y su pose le otorgan el beneficio de la duda. Pero, cuidado, con Bojan podría suceder, ojalá que no, una repetición de aquel desamor entre Johan y De la Peña en los inicios supersónicos del cántabro. De cara a la galería se pretende proteger al joven crack de la presión. Para otros, simplemente, es el último de la fila. Como sea así, al tiempo, Pep puede tener problemas.

Sea como fuere, se empezó ganando en Europa y eso, tal y como están las cosas en el Camp Nou, es la mejor de las noticias. La única que cuenta. Por mucho que a Guardiola le represente aparcar el más importante de sus mandamientos.

lunes, septiembre 15, 2008

AY AY AY

Encefalograma plano. De la nada, nada se saca y así camina el Barça esta temporada. Por ahí he leído que no se empezaba la Liga tan mal desde 1973 pero es que este equipo se parece al de hace 35 años como un huevo a una castaña. O sea, nada. Si la imagen de Soria fue lamentable, lo del sábado ante el Racing fue sonrojante. Ni que Toño hubiera recibido los normales tres chicharros que evitó aún no sabe cómo, la situación de este Barça sería distinta. Así que mejor el empate porque al menos no hay goles que oculten esta triste realidad.

Guardiola acaba de llegar y se cree que es el inventor del fútbol. No satisfecho con, en una situación por lo menos difícil, inventar una alineación digna del club de la comedia, en el momento crítico marca distancias con Rijkaard con un cambio suicida que de poco nos lleva al matadero. Pero es que, entre medio de todo ello, tiene a un equipo desconocido, como un pollo sin cabeza que diría Toshack. Desde un Alves que recuerda al hermano malo de Zambrotta y hasta un Eto'o que toca el balón para darlo al portero o al lanzador de corner, pero que ha rematado TRES veces en dos partidos y sólo una con peligro, el Barça es una burda copia de lo absurdo.

Si se quiere jugar bonito, al toque y gustando (la apuesta que a mi me seduce), se necesitan los actores necesarios para ello. Pero para eso, la velocidad del balón es indispensable. Y cómo aquí no corre ni Cristo, la historia empieza a ser conocida, temiblemente conocida. No hay un líder en el campo porque no hay quien tenga los galones necesarios. Se cargaron (con razón o sin ella) a Ronaldinho y han montado un ejercito muy apañadito pero sin el necesario mariscal de campo que un equipo grande necesita. Y así, de mal en peor, hemos empezado.

Y, por cierto, comparar este Barça con el de 1973 me resulta ridículo. Valdés le podría limpiar los guantes a Sadurní; si este Alves cuesta 30 millones de euros, aquel Rifé valdría el doble; Puyol daría la luna por tener la colocación y empaque de Torres; Juan Carlos le daría clases de barrendero a Keita; Marcial era Don Perignon comparado al Rondel de Hleb y Eto'o... bueno, lo del camerunés al lado de Sotil sería para reirse durante semanas. Jolín, si hasta el Rexach me da a mi que tenía más carácter que Messi!!!

Y, por cierto, drogado, mujeriego y acabado... qué gran razón tiene Maradona al hablar de Messi. Quiere hacer de cada jugada una obra de arte y se olvida de que no juega solo. Y tiene narices que NADIE se atreva ni tan sólo a insinuarlo.