
Volvió a sonar la música de la Champions en el Camp Nou y el Barça se dio una tregua en la búsqueda desesperada de la felicidad. Sigue sin encontrarla, pero ante el Sporting de Lisboa, por lo menos, se adaptó mejor a su papel de favorito y cumplió el expediente. Sin más. Pero, tal y como están las cosas eso no es poco. Sumar se ha convertido, de momento, en el objetivo irrenunciable de este equipo, una filosofía muy alejada del ideal de su entrenador, quien siempre priorizó el juego a los resultados hasta que, sin reconocerlo, se ha visto atrapado por la necesidad.
El Sporting, un equipo-comparsa en Europa, le duró apenas veinte minutos al Barça en su examen. Antes de que Márquez abriese la lata con un excelente cabezazo que dejó en evidencia al tal Rui Patricio, el equipo de Guardiola había generado no menos de media docena de buenas intenciones que se habían estrellado ante su propia inoperancia final. Un estúpido y claro penalty le dio aire después a un Barça ahogado y le regaló a Eto'o la oportunidad de redimirse. Después llegó la cantada de turno en defensa para dar vida al rival y la sentencia de un Xavi que, a pesar de tantos, fue vital para dormir felices. Este sería el resumen rápido, fácil y sin mentiras, de lo que ocurrió en este estreno de Champions.
Pero hay más. La tristeza de ver tanto cemento en las gradas; lo que invita a pensar que la afición no está tanto al lado del equipo como podría suponerse y esperarse es un toque de atención más dirigido al banquillo que al palco porque, a fin de cuentas, lo que ilusiona es el fútbol y no la política de la zona ¿noble? Y, más allá de felicitarse por el triunfo, bien haría Guardiola en comenzar a preguntarse qué está pasando aquí. Cuando él estaba en el césped, hace tres lustros, la hinchada llenaba la grada ávida de su equipo, sin importarle el rival, cuando Europa llamaba a las puertas. Y eso hoy ya no ocurre.
Pero sigue habiendo más situaciones que lleven a la reflexión por encima de un simple resultado. De entrada a este Sporting le alcanzaron con apenas tres remates para marcar un gol, dejando en evidencia la insolvencia defensiva del equipo. Cáceres sigue desaparecido y Pep dio a entender una apuesta de tres zagueros, con Puyol volviendo a la izquierda muchos año después, para adelantar la posición de Alves dejando a su espalda a un Piqué en crecimiento pero aún desorientado en ocasiones. Lo del brasileño tiene síntomas de convertirse en un problema. Adivinar en él al jugador que encandilaba en Sevilla es poco menos que imposible porque el juego del Barça y de su antiguo equipo tiene, debe tener, muy poco que ver. Pero resulta descorazonador verle en ocasiones tan perdido, atolondrado y falto de ese punch que le convirtió en verano en el fichaje estrella.
Bien, a secas, el centro del campo, donde Xavi e Iniesta se repartieron a partes iguales la frialdad y la profundidad, Keita me mostró otra vez la dificultad de adivinar la razón de su fichaje. Si ya dudaba de él, el sábado Busquets me lo puso más difícil si cabe. Pero es en la parte delantera donde la maravilla se convierte en desazón. Eto'o sigue en caída libre y ni el penalty debería ocultar que está a años luz de aquel depredador que nos entusiasmó; Henry quiere pero no puede. Condenado a la banda, traicionado por una promesa no cumplida al comenzar la pretemporada, me temo que el francés caerá en la más absoluta de las mediocridades en no mucho tiempo. Y Messi... Es otra cosa.
Porque, sí, algo pasa con Messi. Hubo una jugada en la que, tras perder el balón en la banda, junto a la tribuna, Leo olvidó el juego y se lamentó, brazos en alto, ofreciendo una imagen tan lamentable como insólita en él. Más allá, ¿qué hizo? Tres o cuatro slaloms vertiginosos que acabaron en nada porque sigue jugando solo, viendo sus compañeros que el crack del proyecto se tira de cabeza a la excelencia cueste lo que cueste. Y lo que cuesta es que cada día salga una jugada como la del Getafe famoso. Y así no se va a ninguna parte. Eso sí, críticas, de momento, cero patatero. Intocable.
Como intocable es Bojan en el fondo del banquillo. Cuesta entender las razones por las que Guardiola le ha relegado al más absoluto ostracismo mientras Pedro se pellizca para creer su buena estrella. De momento, para la oficialidad, el entrenador tiene bula y sus curiosos criterios, sus decisiones 'cruyfianas' y su pose le otorgan el beneficio de la duda. Pero, cuidado, con Bojan podría suceder, ojalá que no, una repetición de aquel desamor entre Johan y De la Peña en los inicios supersónicos del cántabro. De cara a la galería se pretende proteger al joven crack de la presión. Para otros, simplemente, es el último de la fila. Como sea así, al tiempo, Pep puede tener problemas.
Sea como fuere, se empezó ganando en Europa y eso, tal y como están las cosas en el Camp Nou, es la mejor de las noticias. La única que cuenta. Por mucho que a Guardiola le represente aparcar el más importante de sus mandamientos.