Señora... Estamos en una misión de Dios

viernes, julio 18, 2008

DEL PASADO AL FUTURO

Eto'o se va a marchar, siguiendo el camino que inició Deco y continuó Ronaldinho, y del famoso 'Círculo virtuoso' quedarán apenas las cenizas. Puede, con suerte, suponer un ingreso total de 60 millones la venta de tres futbolistas que juntos alcanzaron el grado de superlativos pero que por una serie de sinrazones arrastraron al Barça a la mediocridad en dos años que han emborronado, deportivamente, una etapa que, sin duda, recordaremos dentro de un tiempo con innegable cariño.

Hay quien considera bien pagados los 25 millones por el gaúcho (yo no) justificándose en que su rendimiento ha amortizado sobradamente lo que por él se pagó. Olvidando que hace dos años, tras la fantástica temporada del doblete y el Mundial de Alemania, se podía haber sacado el triple una vez comenzó a sospecharse que, al igual que Romario en 1994, tras su ascensión a la cumbre ya nada sería igual. Ronaldinho comenzó a 'columpiarse' en la misma medida que Deco se hacía fuerte ante un cada día más sumiso Rijkaard y Eto'o empezaba a ir por libre. El día que comenzó la pretemporada 2006-07 y el camerunés no apareció por Barcelona descubriéndose que Laporta, por su cuenta y riesgo, le había concedido una semana más de vacaciones empecé a sospechar que pasábamos de virtuosos a viciados. Y cuando se produjo el accidente de Mónaco (aquella humillación deportiva ante el Sevilla), me convencí de que el equipo iniciaba la cuesta abajo.
El Laportismo estaba instalado en una nube de autocomplacencia y cerró, con la inestimable colaboración de los medios, los ojos a la crisis galopante que se cernía sobre el vestuario. Se han tardado dos años en cerrarlo todo. Tarde y ¿mal? Eso habrá que verlo. Pero asusta pensar que Deco despierte a lo grande en Londres y duele imaginar que Ronaldinho, en Milán, pueda resurgir imitando a un tal Maradona. Más que nada porque se les ha querido dar por enterrados deportivamente y como ellos triunfen y el nuevo Barça no, los reproches que ahora nadie sospecha estarán en primer plano.

Es por eso, principalmente, que Laporta necesita, sin dilación, un golpe maestro con el que empezar a tapar las heridas. Se aplaude el fichaje de Alves sin considerar exagerada la cantidad que se ha pagado por él; se otorga un margen de confianza a la locura desembolsada por un Cáceres que, hablando mal, aún 'no ha empatado con nadie'; se 'vende' la llegada de Keita como si de un nuevo Bakero se tratase; se considera a Hleb un virtuoso ocultando su oscuro trabajo en el Arsenal (ojalá no se repita con él la sandez de Gudjohnsen) y nadie repara en que el bueno de Piqué era, para Ferguson, el suplente del suplente en Old Trafford. Sólo el tiempo, pero no demasiado, dirá hasta qué punto se cumplen con ellos las expectativas pero... Y EL CRACK?

No se puede vender a Adebayor como una estrella ahora cuando era el secundario de Henry en Londres y menos podría considerarse el fichaje de Kanoute como la llegada del Mesías. Drogba, con 30 años cumplidos, despierta tantas dudas como Henry y a Arshavin, el descubrimiento del año, no se le puede negar el ascendente pero sí la definición. Porque no es eso, un definidor.

Así que, llegados a este punto, mientras se pretende elogiar la política de traspasos destacando lo mucho ingresado y lo que falta, se necesitan aún dos fichajes que, de verdad, den el lustre necesario al proyecto de Guardiola. Como hacer especulaciones es gratis, a mi me seduce hacer las mías. Y como he leído que Fernando Torres podría irse al Chelsea por 60 millones y que ello podría abrir la puerta del Liverpool a Eto'o se me ha ocurrido pensar ¿no sería bueno traer al Niño al Camp Nou? Yo, con los ojos cerrados, pagaba 30 millones por él acompañados del camerunés para sustituirle en el '9' y el '10' se lo guardaba a Arshavin. ¿Iluso? Puede, pero me despertaría más ilusión esta locura que todas las ya realizadas.

viernes, julio 04, 2008

LA MOCION


Ahora, cuando se ve con el agua al cuello, se trasviste. Llora, implora perdón, acude a la ayuda divina y se rodea de quien haga falta confiando en que la llamada a la desesperación frene la moción de censura. Laporta ha montado hoy la última pantomima a la espera de que el socio, el domingo, le atice con más o menos fuerza o, lo que más teme, le enseñe la puerta de salida. Lo ha hecho en un acto en un hotel de Barcelona al que, incluso, ha acudido el CLERO para darle apoyo. Que Dios nos coja confesados. Antes, en TV-3, Xavier Sala Martín, ha aparecido advirtiendo que si prospera la moción el Barça se enfrentará poco menos que a su destrucción. O Laporta o el apocalipsis ha venido a decir este buen señor al que, obviamente, 'La Nostra' se ha cuidado muy mucho de poner en un brete.

y, mientras, todos miran al cielo suspirando por un domingo radiante. Manejan encuestas que les dejan contra las cuerdas y saben, sospechan, que cuantos más socios acudan a votar la moción de censura más problemas tendrán en sacarla adelante. Laporta, en la reunión del miércoles de la junta, prohibió expresamente (les puso firmes a todos, vaya) que nadie tuviera la insensatez de insinuar tan solo que una derrota porcentual menor a esos dos tercios que demandan los estatutos pudiera tener algún peso moral en su continuidad. Así de asustado está el presidente y de descolocados sus compañeros de junta. Dan por sentado que pueden contar con unos 8.000 votos salvadores, por lo que necesitan que, ni por asomo, acudan más de 20-22.000 socios a las urnas.

Pero lo peor es que a dos días de las votaciones, Laporta aún no ha entendido que el socio no va a puntuar una gestión en su globalidad, sino que que le examina a él en persona. A este presidente que sigue viviendo por encima del bien y del mal no le cuadra que nadie pueda estar en desacuerdo con él, con sus formas, con sus mentiras y con sus delirios de grandeza. No entiende que a nadie representa gritando 'Visca Catalunya lliure' ni comprende que alguien pueda llevarse las manos a la cabeza porque a él se le ocurra cerrar un garito en Liverpool para celebrar una fiesta privada o fletar un avión privado para viajar a Glasgow, o reservarse medio centenar de entradas de una final (París) a su entera disposición invitando, además, a cuenta del club atoda aquella 'gente guapa' que se le ocurra.

Todas esas actuaciones, toda esa prepotencia que ha destilado en los últimos años ha acabado por pesar más que sus mentiras electorales. Tres días antes de las elecciones de 2003, en un recordado debate en TV-3, Joan Laporta se sentía ya ganador y acabó conquistando al mundo culé con sus promesas. Prometió que no vendería un palmo de terreno del patrimonio del club, prometió una due-diligence para examinar hasta el fondo las cuentas del club bajo el mandato de Gaspart, prometió no hacer una derrama económica a los socios, prometió fomentar al máximo de lo posible los partidos dominicales a las cinco de la tarde. Y prometió, prometió, prometió...

Tanto que a muchos nos engañó como a chinos; como quiso después con aquella invisible negociación con los Juegos de Pekín (¿donde se ha visto que unos Juegos Olímpicos necesiten publicitarse en el extranjero?). Apenas tomar posesión aumentó el precio de los abonos, en algunos casos hasta un 50%; ha vendido Can Rigalt y suspira por derribar el Miniestadi importándole un comino lo que vaya a ocurrir con ese terreno; lo de jugar a las cinco de la tarde es algo olvidado salvo en escasísimas ocasiones...

Y más. Más porque expulsó a abonados con palcos con engaños para, después, recolocar a empresas/amigos en ellos. Más porque quiere convertir el Camp Nou en una especie de club privado. El año pasado tuvo que dar marcha atrás con el tema aquel de las entradas en la Copa, pero la intención de esta directiva sigue siendo la de 'obligar' al abonado a acudir al campo (personalmente) bajo la amenaza de, dependiendo cuantos partidos falte, hacer uso de su abono libremente. Y más, con la faraónica idea de convertir el Camp Nou en un monumento a la grandeza y su megalomanía. No se le ha ocurrido en cinco años facilitar el acceso a los ancianos o a los disminuidos físicos que tienen que hacer verdaderas excursiones si quieren evitar escaleras; no se le ha ocurrido ni a él ni a sus colegas ir a ver cualquier partido en lateral o gol y atreverse a ir a unos lavabos que en algunos casos dan vergüenza ajena. No, eso no va con él. No va con ellos que ya no ven más allá del Palco o de una tribuna cuyos abonos buscan como buitres.

Esta ha sido la presidencia de Laporta y su power point que en cinco años ha ganado dos Ligas y una Champions. Los títulos a muchos les compensan todo lo demás, a otros no. Porque yo quiero un presidente que el 11 de septiembre acuda al Monumento de Casanovas y a partir de ahí aparque cualquier connotación política. Porque a mi me importa poco que su cuñado sea de Fuerza Nueva o del PSAN puesto que tan digno es uno como otro en su condición de socio del Barça. Lo que no podemos permitir es el engaño y la mentira. Y menos las posiciones histéricas de un presidente que hoy grita Visca Catalunya lliure y mañana acude a una reunión de la Federación Española de Fútbol a salvarle la cara a Villar y pasado mañana a la final de la Eurocopa para animar a España.
No quiero un presidente que se cree por encima del bien y del mal por ser quien es. El numerito del aeropuerto, la movida con el chófer, las amenazas en el congreso de penyas... Demuestran que no sabe discernir el qué del quien y sus guiños a los culés de Tokio, de Pekín, Los Angeles o Buenos Aires pasando de Puigcerdà, Tortosa, Manlleu, Guimerà o Les Borges me dejan claro que su Barça no es el de antes, el de siempre, el de todos. Su Barça no es aquel de 'Al soci no se'l pot enganyar'. Porque él no conoce al soci.

Cuando vayamos a votar el domingo pensemos en todo ello. Y sospechemos de otras muchas cosas. O no. Allá cada cual.