
El lunes por la mañana, mientras
Rijkaard velaba armas al frente de su deprimido ejercito en Alemania,
Joan Laporta ordenaba a sus súbditos poner en alerta a
Josep Guardiola. Hace cinco años,
Pep jugó la carta de
Bassat y perdió ante la arrolladora aparición del 'Círculo Virtuoso'. El ganador,
Laporta, no perdió el tiempo en desacreditar públicamente a
Guardiola a la vez que éste juró que jamás volvería al Barça mientras estuvieran los representantes del 'Power Point' al frente. A saber porqué (me niego en rotundo a simplificarlo a una cuestión crematística)
Pep se dejó seducir después por la llamada de un
Laporta que le utilizó cobardemente en una clara maniobra propagandística y le colocó al frente de un filial que vuela en Tercera División merced tanto a su talento como a un puntual y desacarado apoyo arbitral. Quien haya seguido los partidos del Barça B puede dar fe de ello.
Y ahora el presidente, en su última pitueta, pretende convertir a Guardiola en el mandamás del primer equipo. Hace ya algunas semanas 'Dios' ya lo insinuó y, obviamente, el tocayo Laporta se ha acabado plegando a los designios de Cruyff. En la Junta había quien apostaba firmemente por Mourinho pero desde el primer momento se sabía que Johan jamás daría su visto bueno a la llegada de un técnico que no dudó en plantarle cara a través de los medios ("He ganado yo lo mismo en cuatro años que él en toda su carrera").
Instalado en la nube, Laporta sigue creyendo estar en posesión de una varita mágica y está convencido que jugar la carta Guardiola le mantendrá en retaguardia ante las críticas, de entrada, si la apuesta le sale mal. Y, si sale bien, miel sobre hojuelas que se dice. Menudo tanto!. El triunfo en Gelsenkirchen desactívó una bomba que el presidente no quería usar. Ahora, de no haber debacle en la vuelta de Champions, una caída con honor ante el Manchester United le serviría a Rijkaard para acabar decentemente la temporada y hacer las maletas sin necesidad de ser cesado. Porque Laporta 'is diferent'; él cree en un proyecto y no tiene necesidad de cesar a nadie.

Ahora, con
Mourinho derrotado sin poder ni jugar, empieza la cuenta atrás de cara ya al último proyecto de
Laporta y primero de su delfín. Hay que acelerar los contactos con el ayuntamiento para consumar el pelotazo que acabe con el Miniestadi y otorgue fondos sobrados para la faraónica obra de
Foster y para renovar a fondo la plantilla. La nueva plantilla que se encuentre
Guardiola y en cuya construcción, diga lo que se diga, él no tendrá nada que ver. Se va a finiquitar a
Ronaldinho (su hermano ya ha sido llamado para perfilar un divorcio lo menos traumático posible, que no para 'ayudar' al crack como se pretende 'vender'), se quiere dar pasaporte a
Deco y no se quiere ver ni en pintura a
Gudjohnsen,
Zambrotta,
Thuram,
Edmilson,
Giovani o
Pinto. Incluso peligra el futuro de
Márquez o
Xavi y
Henry.
¿Xavi? Parece extraño, pero es que una de las cartas de presentación de la nueva era se pretende que sea Cesc Fàbregas. Poco menos que un cromo repetido y no se puede tener tanto pelotero. Una buena salida para el de Terrassa no sería mal vista... incluso por él mismo. Luego habrá que ver los otros cracks que ilusionen a la parroquia para tapar el fracaso. Se hablará, al tiempo, de nombres imposibles como Cristiano Ronaldo y ya se verá, al final, en que queda la cosa.

Será interesante ver cómo lidia un miura de este calibre el bueno de
Pep Guardiola. Comprobar si tiene la personalidad suficiente como para no plegarse a los 'consejos' de
Cruyff y si es capaz de adaptar su filosofía de juego a las necesidades del fútbol actual, donde el esfuerzo físico acaba por aplastar a los simples rondos. Y, ojo al dato que diría aquel, será curioso ver a
Luis Enrique de regreso. "Cuando juego una pachanga tengo agujetas por todo el cuerpo. Desde que me retiré no me he dedicado en nada al fútbol" dijo hace pocos meses el asturiano. Y ahora se piensa en él como segundo entrenador de una plantilla del nivel del Barça.
Todo esto es tan cierto como falso porque nada es oficial. Ni tan sólo puede decírsele que sea oficioso. Son, solamente (que no es poco), las directrices que ha tomado Laporta bajo los designios del 'salvador' Cruyff. Si no tardamos mucho en leer a Johan alabando a Guardiola en su artículo semanal de El Periódico ya será mucho más que un simple rumor y llevará camino de la oficialidad. Sólo faltará, entonces, saber qué opina Pep y, también, si está dispuesto a ser el bombero torero.