Señora... Estamos en una misión de Dios

lunes, noviembre 26, 2007

¿ESPERPENTICO?

Apenas dos años y medio después de forzar la marcha de un vicepresidente encargado de los asuntos deportivos, Joan Laporta vuelve sobre sus pasos para nombrar otro. En aquel entonces, argumentó la desaparición del cargo en que "será una faceta que llevaremos entre todos" y, sin embargo, ahora no ha sabido, o no ha querido, explicar la razón por la que rectifica aquella decisión. Ha sido, ésta, la punta del iceberg de una rueda de prensa cuanto menos curiosa, para algunos normal y para otros, simplemente, lamentable o esperpéntica. Y lo es, esperpéntica, porque Laporta, con una parafernalia digna del presidente de un gobierno, ha explicado sin explicar nada los cambios producidos en una Junta directiva que asoman a un futuro en que nada va a cambiar. O, a lo peor, para continuar una huida hacia adelante que parece a simple vista el proceder de este desgobierno blaugrana.

De entrada, en la decisión más esperada, ha colocado a Marc Ingla, un lince en el mundo del marketing, al frente de la faceta deportiva. O sea, que la gestión de una plantilla que cuesta tropecientos millones de euros estará en manos de un personaje cuyos conocimientos futbolísticos está a la altura de cualquier aficionado medio. ¿Eso es malo, bueno, lógico? No parece, a simple vista, un nombramiento acorde con la grandeza que se le supone a la entidad y bueno será, de inmediato, estudiar los movimientos de este delfín de Soriano en la junta ahora que crece el 'run run' acerca del alejamiento de Laporta con su vicepresidente económico. ¿Será que al presidente le incomoda el protagonismo de sus compañeros? Viendo el precedente que protagonizó Sandro Rossell algo invita a pensar que sí... ¿O no hay que ser malpensados? De entrada, Ingla aterriza con el pie cambiado en su nuevo destino porque quien más quien menos de los que sigue la actualidad de los despachos del club intuye que el suyo será un cargo 'de paja' . Su primera actuación, de hecho, ha sido 'excepcional'. Acabada la comparecencia de su mentor, el nuevo vicepresidente deportivo ha hecho 'mutis por el foro', escapando a la carrera para no tener que hablar con los periodistas.

Seguir con atención la rueda de prensa que ha ofrecido este mediodía el presidente del Barça lleva a quedarse con cara de tonto. De tonto porque en más de media hora de comparecencia ante los periodistas no ha dicho nada que sirva para explicar lo mucho que debe explicarse. "Eso ya lo he explicado" ha sido su primera y alucinante respuesta al abrirse el turno de preguntas de los periodistas dando una imagen de incomodidad que ha llegado al cénit cuando se ha encarado con evidente mal gusto con uno de ellos. Que Fabián Ortiz, periodista de As, es un tipo con estudiada imagen de 'anti' no es un secreto, pero eso no disculpa las malas artes con las que lo ha ventilado Laporta. Pero es que, más aún, el presidente se ha atrevido a 'pedir' a los medios de comunicación "ayuda". ¿Ayuda? ¿en base a qué? Este personaje que ahora demanda ayuda de los medios es el mismo que los utilizaba hace diez años para atacar de cualquier manera al poder de entonces. Manda narices, por decirlo fácil, que el mandatario de una entidad como el Barça se atreva, en las circunstancias actuales, a pedir a los medios de comunicación que 'miren a otro lado' y no critiquen su gestión.

Laporta ha pasado de puntillas por la polémica de Edmilson, no se ha referido a las 'vacaciones publicitarias' de Márquez, no ha dado importancia ninguna al mal rollo que se adivina en el vestuario, ha pretendido engañar asegurando su total respaldo a Rijkaard, ha vuelto a echarle un capote (innecesario) a Begiristain, no ha mentado, ni por asomo, el asunto de la remodelación del estadi, ni la controversia que ella despierta entre los vecinos ni las tímidas quejas que algún político (¡habrase visto!) se ha atrevido a denunciar en voz baja.
Seguimos viviendo en un país multicolor. El 3-0 ante el Recre ha salvado una semana más y a Laporta le espera ahora otra gira. Ya estuvo en París con la Unesco y ahora toca Swazilandia en esta cruzada para salvar el mundo en clave blaugrana. Una vez, hace muchos años, Núñez proclamó que el Barça no era una ONG para cortar de raiz la insinuación de un directivo respecto a utilizar parte del presupuesto del club con fines benéficos. El ex presidente le cortó de cuajo, a él y a todos los que por ello abogaban, retándoles a poner de su propio bolsillo el dinero que estimasen oportuno para esas obras benéficas y asegurando que él, del suyo, pondría el doble de la suma de todos los demás. Curiosamente... Nadie solto un duro. Ahora lo soltamos nosotros, a base de aumentos criminales de abonos mientras ellos, los directivos del power point, se llenan la boca. Y, mientras, Laporta sigue su autopromoción.

viernes, noviembre 23, 2007

INCENDIO

Si al Barça se le da mal la resaca de las selecciones, no ha habido peor momento para incendiarse que éste. En estas dos semanas han habido tantos que incluso podría parecer que ni un 4-0 contra el Recre sirviera para apagarlos todos. La movida de Edmilson no ha sido más que la traca final, porque se ha descubierto tal desorden que parece complicado poner parches en todos lados. Cuando Eto'o, en febrero, dinamitó la 'falsa paz' del vestuario con su explosión en Vilafranca pudo pensarse que aquel episodio era el más grave, deportivamente hablando, del Laportismo. Se había sobrevivido a la primera gran crisis a los cuatro meses de la llegada de Rijkaard (cuando aterrizó Davids aconsejado por...), después llegó el divorcio en la directiva, pero los títulos dejaron en segundo plano aquella guerra (que volverá). Pero aquella mañana de julio en que los futbolistas que no fueron al Mundial regresaron al Camp Nou y se enteraron que Eto'o tenía una semana más de vacaciones (thank's Jan) se produjo una brecha en el vestuario que ya nunca se ha cerrado.
Todo lo que ha ocurrido estos últimos diez días es no sólo la continuación de todo aquello (de Eto'o, Edmilson, Gudjohnsen, Puyol, Edmilson otra vez...) sino la constatación firme de que el amor que dejó paso al respeto en el vestuario se ha convertido ya en divorcio. Pero es que lo peor de todo es que desde dentro del club se quiera cerrar los ojos a la realidad actual; que se tengan las santas narices de mirar a otro lado (al menos de cara a la galería) apenas cinco meses después de aquella brutal y desgarradora rueda de prensa en la que Laporta se atrevió a proclamar que 'hemos visto los fallos y éstos no se van a volver a repetir'. Apenas cinco meses después de amenazar con códigos de conducta y vigilancia extrema, la situación es la misma que desembocó en aquello!

Hay, sí, quien piense que esto es pasajero y que un par de buenos resultados lo solucionan todo. Goleando al Recre (o ganándolo), derrotando al Deportivo y puntuando en Montjuïc y Mestalla se llegaría con aire para cerrar el año contra el Madrid. Y ya está, se gana al Madrid en el Camp Nou y ¡Felices Fiestas! Pero no. O vaya, no para algunos. El mal es que, se intuye, el Barça vive instalado en la urgencia del día a día sin mirar ni el fondo de si mismo ni la manera de recuperar su mejor esencia: la de una dinámica ganadora. En esa urgencia, si se sacan once o trece puntos en estos cinco partidos que restan para acabar el año el éxito habrá sido tal que se volverá a ver todo de color rosa, maravilloso. Pero, ay, si se siguen dando tumbos, si se cierra el año mal, si el Espanyol nos da el mismo repaso del pasado año, si Koeman nos moja la oreja en Mestalla y el Madrid saca aunque sea un simple empate del Camp Nou... Entonces, ¿qué? ¿Cuál será la excusa en ese hipotético caso?

El Barça de Rijkaard (y de Laporta) está en el peor momento. Incluso para aquellos a los que (muy respetablemente) sólo les interesa si se gana o se pierde. Edmilson, desde una posición nada cómoda, ha tenido las santas narices de denunciarlo públicamente y lo que para algunos puede ser un error imperdonable, otros lo contemplamos como el primer bisturí en una operación muy costosa. Ahora, más que nunca, la pelota está en el tejado de los futbolistas y de su ¿entrenador? Son ellos, con su autogestión, los que están obligados a dar el do de pecho este mes y demostrar, que no es poco, que son capaces de sacar el barco a flote.
Porque, no nos engañemos, este barco empezó a ir a la deriva hace muchos meses. Desde antes de aquel 'accidente' en Mónaco que algunos en el club se tomaron a cachondeo.

miércoles, noviembre 14, 2007

AGONIA Y DESESPERO

Nadie está a salvo en este Barça, absolutamente nadie en la situación a la que se ha visto abocado desde todos los ámbitos. Cuando luce el sol nadie intuye la llegada de tormenta; cuando aparecen nubarrones se mira a otro lado ignorando que, quizá, haya que prepararse para la lluvia y cuando ésta llega y da paso a la tormenta, no hay paraguas capaz de soportar la que cae. Y así está, estamos, ahora. Lo que comenzó siendo un problema puntual, una dejadez de éste o aquél, ha acabado siendo una crisis a todos los niveles de la que no hay Dios que se salve. Se apunta a los cracks, comenzando por el ínclito Ronaldinho, y se acaba desde algún que otro sector, mirando a una afición a la que se critica por su frialdad (como si fuéramos nosotros los que, además de pagar, debiéramos dar de comer a las estrellas).
Este Barça se instaló en la autocomplacencia una noche afortunada de París. Una noche en la que Víctor Valdés nos descubrió al verdadero Henry y a Belletti se le apareció la virgen fue el principio del fin. Porque desde entonces nada ha vuelto a ser igual. Laporta, ese hombre, apostó por trasladar al Camp Nou la estela galáctica y la cultura de la solidaridad, el esfuerzo y el hambre dio paso a la de un glamour que habíamos visto fallecer de mala manera al otro lado de la acera. Nos hicieron creer que "cuando el equipo me necesite estaré ahí" y aún seguimos esperando al autor de tamaña tomadura de pelo. Pero a su vera vimos, estamos viendo, desfallecer a toda la tropa. Y se ha llegado a un límite en el que nadie está ya a salvo.

Mientras 'Lo president' sigue engordando su ego el vestuario se cae a trizas y no hay, no se adivina, manera de salir del laberinto. Arrastrado por un Ronaldinho desconocido en el campo, hasta Messi ha perdido su magia. Y todo ello repercute en la generalidad de un equipo sin brújula. Se apunta a los centrocampistas (hay quienes están especialmente fijados con Xavi) y hasta (se vio en Getafe) la defensa se ha quedado sin coartada. ¿Es duro perder 2-0 en Getafe? desde luego que sí. Como lo es quedarse a cero en Pamplona, no pasar de raquíticos empates en Valladolid o perder en Villarreal. Pero la responsabilidad de ello no hay que verla sólo en errores de concepto, de defensa o de colocación. Porque cuando los que deben marcar las diferencias sólo destacan por su apatía, indolencia o fracaso, se arrastra al desastre general.

Y eso pasó, está pasando, en este Barça. Desde que Ronaldinho descendió a los infiernos y se ha quedado allí aclado, el equipo primero y el club después andan dando bandazos sin ton ni son, acercándose al precipicio de mala manera. Porque, tal y como están las cosas, ese es el camino. No hay otro si escuchamos a Henry diciendo "el Henry del Arsenal no volverá" y nos quedamos tan panchos porque... ¿A quien fichamos entonces? Ese es el camino cuando a nadie le duelen prendas leyendo que Ronaldinho 'no volverá a ser el que era' porque si no es aquel... ¿Quien coño es? ¿Qué podemos esperar de este equipo? Yo hace tiempo que no espero mucho. Lo malo, lo peor, es que pudiendo morir de éxito lo hará, sospecho, de asco. En una lenta y desesperante agonía que motivará un pim pam pum cruel.

viernes, noviembre 09, 2007

GIOVANI, EN LA ENCRUCIJADA

De la noche a la mañana, sin saber a ciencia cierta la razón, Giovani ha perdido el crecimiento que se le presumía. Protagonista destacado en la pretemporada, se le otorgó tal importancia en los medios de comunicación que ahora resulta extraño su ostracismo en la misma medida que el aumento en el protagonismo de Bojan. Queriendo o sin querer, se ha entablado una especie de 'competición' entre dos canteranos que vienen a jugar de lo mismo y lo hacen en una plantilla en la que los delanteros son poco menos que intocables. Por la razón que sea.

Hay quien observa, y se ha publicado, un cierto 'endiosamiento' en el futbolista mexicano. Con apenas 18 años todo se ha desarrollado a una velocidad de tal calibre que quizá él mismo no ha sabido asumirlo. Un episodio poco 'humilde' en un aeropuerto, tics de 'sobrado' en el vestuario en relación a los que sí pueden considerarse carcks consagrados, un cambio poco claro de manager... Y su 'extraña' desaparición del campo, dando paso al crecimiento de un Bojan que, por lo que sea, es más apreciado por la afición y, se ha comprobado, por los medios de comunicación.
Ha llegado, incluso, a rumorearse que el club vería con buenos ojos un traspaso si llegase una buena oferta por la falta de confianza que algunos tienen en él. De ser así, parecería de chiste que en apenas seis meses Giovani haya pasado de ser un excelente valor de futuro a un jugador prescindible. Pero más de chiste, o penoso, es comprobar la facilidad con la que son, somos, capaces de quemar a deportistas a una edad tan prematura.

Messi, no nos engañemos, sale uno cada década. Ocurrió con Casillas, con Fernando Torres, con Raúl, Rooney, Owen o Cassano. Futbolistas especiales que explotaron en el momento justo gracias a una serie de circunstancias, gracias a la ausencia en un momento determinado de quien pudiera hacerles sombra. Unos alcanzaron el estrellato pero otros (Cassano) se quedaron por el camino víctimas de ese entorno que en vez de cortar por lo sano su endiosamiento le rieron todas las gracias. Sería una pena que eso ocurriese con Giovani, pero era tan complicado encontrarle acomodo en una plantilla repleta de cracks en verano como lo es ahora hallarle un nuevo desafío.

lunes, noviembre 05, 2007

SCHUSTER. GANAR DESDE LA DERROTA

Atropellado en el césped del Sánchez Pizjuán el sábado, la noticia del domingo refiriéndose al Real Madrid fueron unas ¿desacertadas? declaraciones de Bernd Schuster refiriéndose al origen catalán del árbitro. De un plumazo el entrenador alemán borró cualquier debate futbolístico acerca de lo sucedido en Sevilla y trasladó todos los comentarios hacia otro terreno. Un terreno mucho más cómodo para él y para el entorno madridista, claro, y en el que cayó como principiante la España futbolística y de manera lamentable el barcelonismo. Se ha dado más importancia, más trascendencia a esas sandeces de Schuster que al fondo de lo sucedido en Sevilla. Y, ni más ni menos, eso es lo que quería este tipo, cambiar la dirección del viento.

Tres días antes, en Valladolid, el Barça sumó un raquítico y ridículo punto. Lo hizo gracias a Valdés, sí, pero también lo hizo porque el árbitro de aquel partido no quiso, o no vio, o consideró accidental, señalar un claro penalty a favor del Barça que pudo, y debió, cambiar el resultado. Pero al día siguiente de aquel 1-1 todo el debate se centraba en el mal partido del Barça, en su fragilidad a domicilio y en la repetición de los pecados del pasado año.

Esa es la diferencia. Schuster ha logrado cambiar el ridículo madridista y lo convirtió en un atraco del que aún saca rédito. Importan más sus palabras que el fútbol, del Sevilla nadie habla y lo que permanece son esas palabras, con la ridícula (para mi) aparición de los árbitros catalanes pidiendo una sanción o del entorno haciendo sangre de esa tontería.

Y él, Schuster, tan contento. Ha ganado. Ha convertido una derrota en un triunfo.