Señora... Estamos en una misión de Dios

lunes, octubre 29, 2007

LAPORTA (Y HENRY) NOMINA A RONALDINHO

'Tienen que jugar los que mejor estén' dijo ayer el presidente del Barça poco después de acabarse el bodrio-partido contra el Almería. Desde que el jueves un diario deportivo llevó al brasileño a la portada con la enésima intentona del Milan abriendo la duda de su posible y, quizá, positiva venta, y hasta que ayer Laporta lanzó esa puya 'inocente' el futuro de Ronaldinho ha comenzado a alejarse del Camp Nou.
¿Que Dinho no jugó bien ante el Almería? Eso no es una novedad. Los hay que hace cerca, o más, de un año que andamos esperando el regreso de aquel crack que nos extasió. París y Alemania iniciaron una caída de la que ya no se ha recuperado, por lo que sea, y la llegada de Henry ha acabado por apartarle de la primera línea. Detractores y defensores los tiene y tendrá, pero es evidente que se ha abierto la puerta de salida, en enero o junio, y que ha perdido esa luz que le hacía intocable. Leo, escucho y veo que Messi es intocable (que lo es, para mi) y que Eto'o recuperado es fijo en el centro del ataque (que también debiera serlo). Guste o no, la presión, lucha y entrega del camerunés en el campo le otorga un plus a sus goles y con ellos dos invariablemente en el once, la tercera posición se convierte en un galimatías. ¿Henry o Ronaldinho? 'El que esté mejor' dicen. Pero la novedad es el francés, la bula la tiene el francés y no es cuestión de condenarle antes de tiempo. Así, lo más fácil es hacer sangre con el brasileño.
Hace tiempo que perdí la fe en él y me mantengo en que se perdió una ocasíón de oro el pasado verano para venderle. Pero hacerlo con luz y taquígrafos, al acabar la pasada temporada y ofreciendo como explicación que la oferta del Milan (o del Chelsea) era irrechazable. Darle la ocasión de despedirse por la puerta grande y recordarle como un futbolista superlativo que nos regaló tres temporadas fantásticas. Ahora, me temo, entraremos en una dinámica destructiva. Se le va a seguir con lupa partido a partido y ese cambio de ayer no será más que el primer episodio del cambio de galones en el equipo. El revulsivo Messi pasó a ser estrella y la estrella ha pasado a ser guía espiritual del Barça, en un camino inversamente proporcional al de Ronaldinho.

La difícil (o imposible) convivencia de ídolos en el vestuario vivió aquel capítulo lamentable que hizo estallar Eto'o en Vilafranca, pero ahora la situación es tan o más complicada porque ni Henry puede ser un suplente de lujo (no lo permitirían desde los despachos) ni, tampoco, puede serlo el jugador más mediático del mundo (que no mejor). Laporta apostó en su día por el camerunés y la jugada le salió redonda a pesar de las reticencias de Rijkaard y ahora ha apostado por el francés en una jugada peligrosa que tiene al equipo y al entrenador contra las cuerdas.

Contra el Almería volvió a observarse un juego plano y sin chispa. Se ganó casi por costumbre (para algunos eso no será malo), pero quedó en el ambiente la sensación de que este equipo o está poco trabajado o que se pierde en un cambio de filosofía que amenaza con colapsarle. Ver a Víctor Valdés hasta cuatro veces buscando a Henry con balones largos, a Iniesta driblando en horizontal y levantando la vista para encontrarle o a Márquez ensayando dos veces un obús en diagonal para él me desconcertó. Ahora es como si fuera imprescindible convertir al nuevo fichaje en el centro de todas las cosas. Por encima del juego de equipo, de aprender a presionar (no hacerlo sin ton ni son), por encima de saber posicionarse en el campo (un rival mediocre como el Almería nos dio una auténtica lección), lo que cuenta es despertar a Henry.

Y entre todo ello Ronaldinho ha perdido su ascendente. Ni sonríe, ni desborda, ni se ofrece ni disfruta. Y cuando un brasileño no disfruta en el campo, se dedica a otros menesteres. Esa es, será, la mejor coartada de Laporta para seguir hinchando el globo en las próximas semanas. Le ha nominado. No tengo duda de ello.

miércoles, octubre 24, 2007

CRUYFF, MARADONA, ROMARIO... HENRY?

En 1973 el Barça rompió moldes fichando a un Johan Cruyff destinado a cambiar la historia del fútbol español. En su primera temporada, el holandés, listo como él solo, supo liderar a un equipo hambriento de gloria rodeado de excelentes futbolistas como Rexach, Asensi o Marcial, aprovechando la picardía en el área de Sotil, arropándose en una zaga de hierro con Torres, Costas o Rifé, apoyándose en la velocidad de un lateral 'futurista' como De la Cruz y sacando el máximo partido a un oscuro centrocampista como Juan Carlos. Pero su impacto mediático en aquella época fue tal que, tras el maravilloso Mundial de Alemania regresó a Barcelona endiosado y tomó, tal cual, las riendas del club. Impuso el fichaje de Neeskens, cambió la filosofía del club, arrinconó de mala manera a Sotil... Y en los siguientes cuatro años, bajo su manto (en los que puso y quitó entrenadores y compañeros) el Barça no ganó más que una triste Copa de España el año de su despedida.

En 1982 le llegó el turno a Maradona. Era, fue, un futbolista superlativo al que las circunstancias desgraciadas no dejaron triunfar en el Barça pero detrás de todo ello brotó su imposición de Menotti y la dictadura de un fútbol condenado a servirle por encima de todo. Así, su ausencia con la hepatitis o la lesión sufrida por aquella criminal entrada de Goikoetxea fueron una losa demasiado pesada para un equipo incapaz de sobrevivir sin él, con Schuster oculto detrás de su brillantez y que no pudo más que conquistar dos torneos del KO, pero no reinar como se le suponía. Con su marcha, aunque fuera de manera efímera, el Barça recuperó la colectividad y bajo el liderazgo del alemán y un equipo de obreros no exentos muchos de ellos de excelente calidad tuvo la ocasión de mostrar sus excelencias. Aunque, por desgracia, fuera por demasiado poco tiempo.
Y en 1993 fue Romario, el futbolista de dibujos animados que comenzó a enterrar el mito del Dream Team. Antes de su llegada el Barça, en cinco años había ganado tres Ligas, una Champions, una Recopa, una Copa y una Supercopa de Europa. Con un fútbol colectivo, excepcional, ofensivo y jugadores que sabían de memoria qué hacer, aquel Barça, quizá sin llegar a ser la quintaesencia del fútbol mundial, maravilló. Pero llegó el brasileño y todo cambio. Se olvidó la colectividad para jugar al servicio 'de'. Y, sí, se volvió a ganar la Liga (con pasajes maravillosos) y se alcanzó otra final de Champions (olvidemos el final), pero ya nada era igual. El cambio de filosofía en el juego mermó demasiado a un equipo que, de golpe y porrazo, se desmembró. Y el final fue tan triste como alegre había sido su vida.


¿Le toca ahora el turno a Henry? Ronaldo nos ofreció destellos maravillosos incrustado en un equipo en el que jugaba como un colectivo junto a Figo, Popescu, De la Peña, Blanc y compañía. Pero su fuga evitó conocer hasta dónde habría podido crecer ese equipo; Rivaldo, de una u otra manera, se benefició de la solidez que le dio Van Gaal (con el que nunca se entendió). ¿Y Henry? En el Arsenal lo fue todo y casi lo ganó todo. Pero lo hizo en un equipo que jugó casi siempre para él. Para lo bueno y para lo malo, los gunners fueron un equipo al servicio del francés. Pires, Ljungberg, Vieira y hasta Bergkamp en su última época vivieron a su sombra pero eso, en el Barça cuesta de imaginar.
Aquí, en el Barça, la eclosión del estelar Ronaldinho encontró el perfecto acompañamiento de Deco, de Eto'o, Xavi, Puyol y compañía. Sí, es cierto que el brasileño era, fue, la punta del iceberg de un equipo hambriento, locuaz y ambicioso. Ronaldinho era la cabeza de un cuerpo perfecto y así se conquistó la gloria antes de un hundimiento demasiado rápido por los motivos que fueran.

Pero la llegada de Henry rompe con todo. Es, creo, el regreso al culto individual y una peligrosa senda a la que el Barça no está acostumbrado. No lo está porque el equipo en el pasado reciente no dependió siempre de Ronaldinho; aprovechó el plus de genialidad que él ofrecía pero sin enterrar la brillantez de sus compañeros y, por lo que se está viendo, con Henry la situación es distinta. Si juegas para Henry él triunfará... pero quizá el equipo no reinará. Y si a él lo ensamblas en el colectivo, a la vista está de momento, puede que el equipo sobreviva pero él no será aquel que conocimos. El Arsenal, más allá del 7-0 al Slavia, ha sobrevivido a su marcha. Manda con autoridad en la Premier y bajo el liderazgo de Cesc alumbra una nueva era con jugadores excepcionales que no dependen de una sola estrella. Y, mientras, en el Barça crece la sensación de no saber qué hacer con su nuevo crack.

Wenger, empiezo a pensar, nos marcó un gol por toda la escuadra con su fichaje. Lo hizo porque a su edad, el francés ya se lo había dado todo al Arsenal y su desembarco en el Camp Nou es un auténtico rompecabezas de difícil solución. Este Barça, que nunca llegó a jugar por y para Ronaldinho, difícilmente podría hacerlo para Henry y eso es una losa demasiado pesada para el francés.

Hace meses, antes de su llegada, me preguntaba si su fichaje pondría en peligro el difícil equilibrió de egos en el vestuario. Hoy me pregunto si su presencia pone en peligro la propia esencia del equipo. Porque su 'obligada' alineación obliga a Rijkaard a hacer juegos malabares en el once inicial y acaba por condenar la propia filosofía de juego. Y llego a la conclusión, muy a pesar mío, de que no, no es un jugador para este Barça. Hasta hoy su mejor aportación al Barça la hizo en París. Y jugando contra nosotros.

PD.
No hay mal que por bien no venga. El virus de lesiones que afecta al equipo 'obligó' a Rijkaard a recolocar a Gudjohnsen. Es curioso, en Glasgow volvió a jugar en el puesto que mejor conoce de su época en el Chelsea y demostró ser nu futbolista más que válido para el Barça. 'Guddy' llegó después del 'no fichaje' de Forlán y la negativa el año pasado de Henry y algún iluminado se empeñó en convertirle en el sucesor de Larsson. Y así de mal le fueron las cosas. ¿Podríamos darle ahora la oportunidad de demostrar si en su posición natural es válido? ¿O es pedir demasiado?

domingo, octubre 21, 2007

BENDITA DERROTA?

¿Se puede caer víctima de la autocomplacencia? El Barça sí. Así lo hizo en Villarreal. Sin enterarse aún de que iba la copla ya estaba a remolque en el marcador, perdido en el campo, desconcertado y superado por un rival aterrorizado a priori por no sufrir otra vez una humillación como la que le infligió el Madrid y que, sin embargo, disfrutó de una plácida noche de felicidad.
Enlazar seis victorias consecutivas había dado pie a tantos y tan desmesurados elogios que un batacazo como el sufrido en El Madrigal puede ser la mejor medicina, el mejor antídoto contra la creencia de estar por encima del bien y del mal. Quizá sea momento de darse cuenta que Puyol no debe ser imprescindible si no está al cien por cien, a lo mejor a alguien se le ocurre fijarse seriamente en el rendimiento de Henry y, quien sabe, puede que hasta se pueda desde algún sector hacerle ver a Messi que no todas las jugadas son las definitivas en la historia del fútbol y que puede valer su peso en oro una asistencia como la que le regaló a Bojan mientras que es un contrasentido abusar de esos regates mágicos que muchas veces acaban en nada.

El Barça fue, no hay que engañarse, una triste figura en Villarreal. Perdió la ocasión de dar un paso al frente y, lo peor, le dio vida al Valencia y no mantuvo a ralla al Sevilla. Pero, más negativo si cabe, acabó siendo, por extraño que parezca, el desastre del Madrid en Montjuïc. La exhibición del Espanyol fue la coartada perfecta para mirar hacia otro lado. Ese 'Qué mal está el Madrid' lo pude ver, leer y escuchar como una maravillosa excusa para no fijarse en las propias carencias. Hace un año a nadie pareció preocuparle el varapalo de Mónaco ni nadie se rasgó las vestiduras tras aquella ridícula final de Japón. El entorno se encargó de hinchar tanto el globo de la euforia que el vestuario vivió al margen de todo, convencido de ser tan maravilloso que los títulos tenían que caer por su propia inercia. Y así acabó la temporada.

Rijkaard no ocultó ayer su preocupación y esa es la mejor lectura. Puede que, a fin de cuentas, la derrota sea positiva para el equipo y sirva para no vender humo. Y es que, a pesar de lesiones y fiestas y guateques, no se puede olvidar que el Barça es el Barça. Echando una ojeada a la plantilla no es de recibo lamentar que no esté Touré, temblar por la baja de Deco o echar de menos a Eto'o. En Glasgow tienen, los que vayan, la oportunidad perfecta para enterrar cualquier atisbo de duda. Y el domingo, con un rival menor como es el Almería, se debe confirmar que sí, que este Barça está en el buen camino. A pesar de accidentes como el de Villarreal.

viernes, octubre 19, 2007

ROBO EN BADALONA

Confieso que hace años que perdí el contacto con el día a día del basket en el Palau, en la ACB, en la NBA y hasta en la conchinchina. Pero de vez en cuando me da por recuperar aquella pasión olvidada y me pongo a ver un partido. Y, collons, el primer día que lo hice va la peña del Kirilenko y le saca los colores a Gasol, la ÑBA y el sumsuncorda. Si es que no se puede vender la piel del oso antes de cazarlo. Pero, carambas, es que la segunda vez que me da por sentarme en la tele a ver un partido... la Penya va y le casca a ese simulacro de Barça una paliza de aquí te espero. Y aún gracias que el tal Rudy Fernández se lesiona y que en la segunda parte el Joventut levanta el pie del acelerador (thank's Aito) porque de lo contrario me da a mi que la humillación habría sido de vértigo.

Entonces, inocente de mi, me voy a la página de la ACB y me pongo a mirar estadísticas. Pero antes me fijo en quien juega y alucina vecina. Marconato, Basile, Ilyasova, Kasun, Acker... ¿Quien es esta peña? O sea, encima que palmamos de 21 puntos (que podrían haber sido 36) lo hacemos con una ONU vestida de blaugrana! Me parece que hago bien en apartarme del basket de un Barça que hace demasiado que perdió el norte, que malgasta dinero de manera lamentable, que no sabe ni a quien ficha ni la razón por la que lo hace, que deja ir a jugadores que, seguro, no harían el ridículo de esta manera y que, por si fuera poco, tiene técnicos maravillosos que le dieron el pasaporte a tios como Marc Gasol porque mola más traer inútiles de nombre raro que apostar por gente de casa.

Si con tal de ganar vale todo, adelante. Fichemos a Kobe Bryant si hace falta, a Shaquille O'Neal, a Dirk Nowitzki, a Allen Iverson, Tony Parker o recuperemos a Pau Gasol. Pero sino, para hacer este ridículo, mejor recuperemos el pasado, pongamos en el banquillo a un Antoni Serra que se atreva a meter en el equipo a la gente de la casa, rodeada de un par o tres de americanos de buen nivel y, quizá, en cinco años, quien sabe, se pueda soñar con repetir una historia que surgió con los Solozábal, Epi, Sibilio, De la Cruz, Ansa, Davis, Howard, Norris, Jiménez , Wood y demás. No, no todos eran de la cantera y no, tampoco ganaron nunca una puñetera final four. Pero no recuerdo tantos ridículos como ahora.
Han conseguido echar a la gente del Palau, aburrir a un tal Navarro que ha salido huyendo de ese dueto diabólico que forman Ivanovic y Savic y, lo peor, hacen que se pierda todo contacto sentimental con el equipo.

Sí, esta noche ha habido un robo en Badalona. Nos han robado la verguenza de ser del Barça. Entre el Rudy, el Ricky Rubio y un alemán que ha llegado a parecerme la reencarnación de Larry Bird han desnudado las verguenzas de un equipo a la deriva. ¿Es este el Barça que debe llenar ese nuevo macro palau blaugrana? Me da a mi que ni el Picadero llenarían... Quina pena.

martes, octubre 16, 2007

SABES QUE SE TRAE ENTRE MANOS LAPORTA?

Dicen que es una de las frases de moda entre los círculos políticos en Catalunya. En el Parlament se habla más de Laporta que del AVE, las cercanías de Renfe o los apagones porque existe ya una psicosis generalizada acerca de sus planes de futuro. En el PSC le temen tanto como le esperan en CIU y le cortejan en ERC y la guerra por el sillón del ayuntamiento de Barcelona está pendiente de todos y cada uno de sus pasos. Tanto que incluso el PP aparca cuando se habla del Barça su discurso 'antitodo'. No es extraño que la faraónica obra que se avecina en el Camp Nou despierte una unanimidad tan absoluta en todos los partidos, más preocupados en ganarse su simpatía que en la fatal realidad que ello supondría (supondrá?) para una zona que amenaza con el colapso.

Con tres años por delante, los que le quedan a Laporta como presidente del Barça, se ha abierto ya la veda. Soriano multiplica sus apariciones públicas sentando cátedra aquí y allá de las excelencias de esta junta que ha salvado al club de la desaparición, los medios afines no pierden la ocasión de loar las bondades del presidente insinuando con más o menos disimulo (en realidad con todo el descaro) lo mucho que tiene Jan que ofrecer a Catalunya y desde Montilla hasta Mas, Carod, Saura y demás, toman posiciones para no quedarse en fuera de juego.
La directiva del Barça ha apostado fuerte, sin temblarle el pulso, a la hora de vender la remodelación del Camp Nou como la guinda de su gestión. Ya nadie hace caso a sus promesas electorales respecto a no vender patrimonio y han puesto al Miniestadi en el mercado con lo que será una operación urbanística que nada tendrá que envidiar al famoso pelotazo de Florentino Pérez. Apenas ningún medio de comunicación se ha atrevido a poner en duda ya no la conveniencia del proyecto, sino al menos la legalidad del mismo. Al contrario, se hacen encendidos elogios a la visión de futuro que supone y se viene a decir que si se pueden hacer pisos... ¿para qué pensar en zonas verdes? Quien quiera verde que se vaya al monte.

Hoy el Barça se ha convertido en un poder fáctico de primer orden en Barcelona y Catalunya. Aquello del 'brazo armado del país' que un día dijo Casaus ha pasado a mejor vida. En esta aldea global en que vivimos el club ha pasado de ser nuestro a ser suyo, de ellos, de los que lo dirigen, los que lo entregan a las multinacionales. Ocupa y preocupa más la imagen que pueda ofrecer en Pekín, Tokio o Los Angeles que en Granollers, Amposta, Palafrugell o, también, Sevilla, Lugo o Murcia. Y ya no digamos lo que pueda pensar el abonado que sólo cuenta a la hora de pagar.

Y, entre todo ello, crece la psicosis política pensando en el futuro de Laporta. El Kennedy catalán que dedica los mejores años de su vida al Barça. O, mejor dicho, que utiliza al Barça para, en los mejores años de su vida, labrarse un futuro a lo grande. ¿Sabes qué se trae entre manos Laporta? Esa es hoy la gran pregunta.

lunes, octubre 08, 2007

DE ABBIATI A MESSI... Y ELLOS

Cuando hace cinco años, de la noche a la mañana, un tal Dida borró de un plumazo la progresión de Christian Abbiati en el Milan hubo quien pensó (pensamos) que Carlo Ancelotti era injusto con aquel meta italiano de cara simpática y que estaba llamado a discutir la supremacía de los Buffon o Toldo. Cuando ayer le regaló el partido al Barça a mi se me acabó cualquier duda que pudiera tener. Un cuarto de hora duró el descaro del Atlético en el Camp Nou, el tiempo que tardó Messi en buscarle las cosquillas al 'bueno' de Abbiati y Deco en dejarle con las verguenzas al aire. Cinco minutos después un envenenado, pero atajable, remate cruzado de Leo cerró toda discusión. El 'Atleti' más atrevido de los últimos tiempos iba a marcharse de vacío, apagado en su orgullo y hundido por la mediocridad de un portero de feria.
Porque el partido se convirtió en una cómoda y agradable tarde para un Barça que jugó a placer, con su estrella emergente asentada en el estrellato, un centro del campo demoledor, una defensa poco menos que perfecta que aburrió a las estrellas atléticas (sólo Oleguer anduvo con problemas) y un ataque... maltrecho por la inoperancia de dos cracks que siguen a años luz de su supuesta categoría pero que sobreviven tranquilamente gracias al buen hacer colectivo. Y es que, por mucho que prensa, radio y televisión quieran vender la 'solidaridad' de Ronaldinho para con sus compañeros y la 'maestría' de Henry con sus fugaces apariciones, a mi no me convencen, para nada, ni el uno ni el otro. Cuando un crack como el brasileño se dedica a los taconazos sin encarar al rival y a cada tarascada que recibe levanta los brazos quejándose al árbitro con el semblante agrio muestra todo su repertorio de lo que fue en el pasado, no es en el presente y, por desgracia, no sea ya posiblemente en el futuro. Del francés siguen asaltándome todas las dudas posibles. Endiabladamente rápido, listo como él solo y elegante como nadie, da la sensación de estar de vuelta. Juega con el freno puesto, apenas nunca mete el pie cuando intuye 'peligro' y se esconde bajo ese manto supremo que ofrece Messi. Dirán misa y lo que quieran, pero este Henry se parece al del Arsenal como un huevo a una castaña porque con metros y metros por delante, con campo para correr, desbordar y encarar denota una falta de fe alarmante.
Pero todo quedó eclipsado por las dos 'actuaciones' del portero italiano en cinco minutos. A partir de ahí el Atlético se fundió como un azucarillo y el Barça le puso alegría a la tarde. Una tarde, además, especialmente agradable. Mirarán todos a otro lado (que lo harán), pero colocar un partido a las cinco sigue siendo, aunque nos lo nieguen, la mejor hora. La hora en que la familia puede acudir sin problemas, la hora en que más criaturas se ven en las gradas, la hora en que más se vuelca la afición llenando el estadi. Es la excepción que confirma la regla. La hora que el propio Laporta, cuando accedió a la presidencia, afirmó que era la más adecuada y aseguró que buscaría la manera de que fuera la habitual. Después, claro, se dobló ante los intereses de la televisión porque, a fin de cuentas, a él, como a todos, lo que menos le preocupa es el abonado que paga. Aunque no es, ni mucho menos, el único o gran culpable.