
Aún no habían llegado los jugadores del Madrid a su vestuario tras ganar al Sevilla el domingo en el Bernabéu y ya empecé a escuchar la palabra 'presión periodística' en una radio de Barcelona. Eso era el domingo. Ayer, en diarios, tertulias y hasta aquí, en distintos blogs, descubrí alucinado que la Liga no puede ganarla el Barça o el Madrid, sino que puede decidirse a través de lo que se ha llamado la 'Brunete mediática'. Cullons! pensé. Ahora resultará que a los pobres futbolistas del Barça les va a desestabilizar lo que digan cuatro mesias radiofónicos, publiquen dos medios madrileños o editen algunos canales de televisión.
O sea, ¿esos mismos futbolistas que el sábado, tras ganar en Anoeta, afirmaron que el domingo tenían la intención de desconectar y despreocuparse del partido de Chamartín (sólo
Puyol y
Xavi reconocieron que verían el partido) ahora pueden ser víctimas de la presión? Acojonante. Va a resultar que el domingo que viene el Barça juega contra una especie de
Olympique de Betis, que después visita al
Atlético de Madrid de los Leivinha y compañía, que a continuación vendrá al estadi una especie de
Getafe United, después un
Espanyol que acostumbra a ganar en el Camp Nou y acabaremos la Liga no en Tarragona ante un (por desgracia) descendido Nàstic, sino ante un
Schalke de Tarragona. Y, entre todo ello, claro, está la 'Brunete mediática'. Esa que se dedicará a acosar, desprestigiar, mediatizar, polemizar y presionar desde el mismo domingo por la noche y durante toda la semana.

¿Nos hemos vuelto locos? ¿Acaso podemos pensar que
Ronaldinho,
Zambrotta,
Van Bronkhorst,
Deco,
Eto'o,
Thuram o
Márquez (por ejemplo) están al tanto de toda esta movida? Pondría la mano en el fuego de que si se hiciera una encuesta en el vestuario del Camp Nou apenas dos o tres jugadores recordarían que existió un Barça que perdió una Liga en similares condiciones pero el resto no sabría, ni por asomo, quien es
Udo Lattek. Ellos, los futbolistas, viven, desengañémonos, en su bola de cristal. Al margen de todos nosotros. Tanto de aficionados, como de periodistas. Llegan, entrenan, se duchan y se marchan. Y pueden tener más o menos ambición, más o menos compromiso, más o menos ganas. Pero, para nada, se mediatizan con estas movidas que alentan los medios, hoy de Madrid mañana de Barcelona, y que tanto parecen preocupar al aficionado de a pie.
Cruyff inventó en en época dorada la palabra entorno y hoy, tres lustros después, parece que sea ese entorno el que vaya a decidir quien y cómo se decidirá la Liga. Me hace gracia eso. Va a resultar que el título no se decidirá, simplemente, en un terreno de juego. Definitivamente nos hemos vuelto locos y, me parece, hemos caído en ese estado de esquizofrenia que algunos quieren alentar. Pero no ellos, los futbolistas, sino nosotros, los aficionados. Y los periodistas. Aunque, bien pensado, quizá eso es lo que pretenden los medios: alentar todo ese estado de locura colectiva.
RONALDINHO

Dos asistencias, geniales, de gol a
Iniesta y
Eto'o y una tercera a
Xavi. Resituado en el campo como ¿mediapunta?
Ronaldinho sorprendió el sábado en Donosti a todo el mundo. Me frotaba yo los ojos en la grada viendo lo que veía. Un jugador que se desentendía del cuerpo a cuerpo y que prefería retrasar su posición a un lugar mucho más cómodo y tranquilo. Apenas si perdió balones porque, obviamente, no era el sitio en el que más se le presionaba. Mientras
Messi y
Eto'o, por ejemplo, se rompían los cuernos en ataque, él,
Ronaldinho, vivía plácidamente en otro mundo. Y volví a Barcelona dándole vueltas a la cabeza respecto a ese 'cambio'. Y escuchaba después elogios encendidos al tema, y leía el domingo las crónicas de
Sport,
Mundo Deportivo,
El Periódico,
La Vanguardia y hasta de
El País o
Marca alabando ese cambio. Y dudaba acerca de todo. Y, sin embargo, no puedo estar de acuerdo. Ronaldinho va por libre y por libre decidió en Sanse cambiar su rol sin que nada ni nadie osara llevarle la contraria.
Me trasladó en el tiempo a la época de
Cruyff, cuando en Burgos, Granada, Salamanca, Castelló, Málaga y otros tantos campos 'incómodos' se borraba del ataque para convertirse en una especie de líbero de la época surtiendo de balones a los
Rexach,
Clares,
Asensi,
Fortes o
Heredia de turno. Y de la misma forma que recuerdo que mi padre me advertía que aquel no era el
'Holandés volador' que nos habían vendido, para mi éste no es el megacrack que marca las diferencias.
Yo lo que espero es que los jugadores de Betis, Atlético, Getafe, Espanyol y Nàstic sufran en sus propias carnes la ambición desmedida de un futbolista superlativo, aquel que nos iluminó con su cambio de ritmo, el que se marchaba de los defensas como por arte de magia con su rapidez, el que llegó a arrancar una ovación del mismísimo Bernabéu. Un
Ronaldinho comprometido de lunes a domingo, que no se perdía ni en el gimnasio ni tenía que desmentir con sonrisas amargas rumorologías acerca de su estado físico. Y ese, con asistencias de gol incluidas, no es el de San Sebastián. ¿O sí?