
Me encanta el País Vasco. Escaparme a Donosti con la excusa de la Semana Santa ha sido una constante muchos años y esta vez, con la mala excusa del partido de
Zaragoza, perdí un día y medio de disfrutar por culpa de mi propia miopía futbolera. Iluso de mi, pensé que se había tocado fondo y que en
La Romareda iba a comenzar el sprint final del Barça. Y sí, allí empezó. Pero lo que comenzó fue el sprint hacia un abismo demasiado claro. Sólo hay una cosa peor que ver una derrota de tu equipo por la tele: verla en directo. Allí en la grada acoges mucho mejor los sentimientos que te roba la pantalla del televisor, ves más allá del balón, observas las actitudes de los futbolistas, sus ganas, su compromiso, su personalidad en cada momento. Y lo de Zaragoza no fue más que la confirmación de un desastre anunciado.
El Barça no jugó en Zaragoza peor que en muchas otras ocasiones. Simplemente estuvo ahí pero de monigote, de triste monigote. Y estuvo así porque este equipo no da para más. No da para más porque en la plantilla existe ese 'déjà vu' vergonzoso, esa indolencia macabra e indignante que comenzó por los pesos pesados y ha acabado por arrastrar a todos los demás. No vale la pena dar muchas vueltas a lo ocurrido pero sí me gustará destacar la guinda del pastel: ver a Deco y Ronaldinho en un coche no volviendo en el autocar del equipo. ¿El acabose? NO. Domingo y lunes fiesta... Martes fiesta para Deco y la fiebre habitual para Ronaldinho. ¿Eto'o? A su bola. No le dio la gana de ir a Zaragoza escudándose en una misteriosa y fantasmagórica lesión y el martes entrena a solas en el Camp Nou. Corre sin problemas hasta que observa a una cámara de televisión y se marcha del campo.
Y Rijkaard mira, observa y calla. No dice nada porque se ve más fuera que dentro. Prefiere acabar la temporada sin hacer ruido, sin levantar la voz. Ha confundido eso de gestionar un vestuario con dar carta blanca a las estrellas, dejarlas hacer a su antojo mientras el resto asiste alucinado al hundimiento general. Y mientras ocurre todo eso, el triste Real Madrid recupera la sonrisa. Ahora hay quien les llama prepotentes, crecidos y muchas otras cosas olvidando que en tiempos pasados ocurría lo mismo pero al revés. Les ha dado tanta vida el Barça que se han agarrado a un clavo ardiendo y el sábado se pueden acostar como líderes. Para llorar.
Estoy harto de leer que si Lampard, Cristiano Ronaldo, Militos, Diogo o 'Perico de los palotes'. Estrellas del tres al cuarto con cero compromiso más allá de su cuenta corriente como se ha demostrado. Prefiero pelearme por un tercer puesto y soñar por algo más que ¿disfrutar' con este tipo de jugadores cuya profesionalidad acaba en apenas una hora de entrenamiento. Estoy harto de leer críticas despiadadas a Oleguer o Víctor Valdés, a los que vi salir de Zaragoza con un cabreo de narices mientras Ronaldinho reía por lo bajo entrando en un coche amparado en su condición de crack mediático. Harto y cansado de leer-escuchar-ver como se renegocian contratos estratosféricos de esta panda de estrellas de pacotilla; cansado de ver como Ronaldinho no entrena por tener gripe por la mañana y acude por la tarde a Lloret a una presentación de su página web; harto de leer una entrevista en la que Eto'o confiesa no saber los coches que tiene o enterarme que un día le soltó a un periodista que 'me suda tres cojones lo que digan porque soy millonario'; triste por ver como un tal Sergio García al que despreciaron en Barcelona es un más que digno jugador del Zaragoza no pudiendo ni ser un suplente más barato y, seguro, más eficaz que Ezquerro. Y como él los Verdú o Cristian, o Luis García. No, no deberían ser tan mediáticos ni darían tantas comisiones como los Thuram de turno, pero, seguro, se romperían los cuernos por un club que es el suyo, el nuestro.
Estoy harto de ver escondiéndose al 'Bacó', sonriendo al margen de todo, no acudiendo al entierro de un mito como Marià Gonzalvo porque estaba de vacaciones fuera de Catalunya autopromocionándose y viendo a Txiki Begiristain siguiendo en Roma a Mexès, Chivu o De Rossi (7-1 en Old Trafford). Harto de leer que el Barça sigue a un tal Palacio que es suplente de Saviola en Argentina pero que, oh casualidad, tiene un representante que es íntimo amigo de un tal Joan Patsy quien, a la vez, es el oráculo de Johan Cruyff quien, a la vez, es el cerebro futbolístico del señor Laporta y el valedor del señor Begiristain.
Se han creido tan guapos, tan buenos, tan maravillosos que han caído en la más absoluta de las miserias. A este Barça se le acabó el hambre hace demasiado tiempo. Mientras Puyol levantaba la Champions en París muchos de sus compañeros pensaban ya en la fiesta sin fin que se avecinaba. Así fracasaron tantos en el Mundial y siguen fracasando ahora. Puede que ganen la Liga, sí. Por el calendario que tienen deberían hacerlo pero eso no puede ni debe ocultar que hace falta cambiar muchas cosas. De entrada, para mi, varios cromos. Y no los del Oleguer de turno tan denostado por algunos. Siempre preferiré su sentimiento por el club que ha mamado, como Puyol, Xavi, Valdés, Ferrer, Sergi, Amor, Celades, Velamazán o tantos y tantos otros que la cara dura de estos cracks que hoy se besan el escudo para mañana hacer las maletas y ganar más dinero en otro club. Aunque eso signifique no ganar títulos.