Señora... Estamos en una misión de Dios

viernes, marzo 16, 2007

LA NOSTALGIA TAMBIEN ENSEÑA

El Barça del Dream Team conquistó cuatro Ligas, una Champions y enamoró con su apuesta de juego. Algo que, a lo largo de los años, ha acabado por convertirse en la razón de ser de este club. ¿Qué significa eso? Para mi, simplemente, que este Barça no tiene el encanto de esos equipos. Ni el encanto ni, tampoco, el ascendente. Habrá ganado otra Champions, sí, y es posible (yo diría que muy probable) que logre la Liga por tercer año consecutivo. De acuerdo. Pero, ¿nos encandila como aquel de hace tres lustros?

Seré el único, pero aún recuerdo una fría noche de febrero de 1994 en que el Zaragoza le cascó un 6-3 al Dream Team que se acogió con optimismo. Más aún, a partir de ahí, si no recuerdo mal, el Barça se puso el turbo y no sólo no volvió a perder, sino que ganó con grandeza. Le metió ocho a Osasuna, se merendó al Depor, se paseó en Oviedo o creció hasta el éxtasis ante el Atlético de Madrid. Y acabó dando el callo en ún Bernabéu no tan rendido a sus pies como cuando se exhibió allí Ronaldinho el año pasado.
El secreto, siempre lo ha sido y se ha reconocido no hace tanto desde el propio club, está en el compromiso. Y el compromiso que tenía aquella plantilla consigo isma no lo tiene la actual. No recuerdo a ningún jugador que se atreviese a salir a la palestra a dudar públicamente de alguien como ahora ha sucedido. Simplemente porque era impensable que eso sucediera. Será que por mucho que se quiera ocultar Puyol no tiene en el vestuario el mando de Zubizarreta, ni Xavi el de Amor, ni Ronaldinho el de Koeman o Deco el de Eusebio.
Soy un nostálgico, lo sé, y no me duele reconocerlo. Más aún, lo soy cada día más. Por eso entiendo que Laudrup se marchase harto de Cruyff más que Figo lo hiciera cansado del engaño de Núñez (las formas), por ello echo de menos a esos futbolistas con los que una mañana cualquiera podías cruzarte camino del Miniestadi a entrenar mientras que hoy apenas si se rozan con la gente desde el cristal de su automóvil. Por eso siempre preferiré a un Ferrer que ganó en cinco años el triple de dinero en el Chelsea que en nueve con el Barça a un Messi que se besa el escudo apenas diez meses después de que su padre amenazase, sí, lo hizo, al club con pagar la cláusula y largarse si no le 'arreglaban' un contrato que consideraba caduco (le subieron la ficha de 400.000 a 2,8 millones de euros!) y por eso estoy harto de ver como se marea la perdiz con Ronaldinho o como Deco aparece de vez en cuando insinuando que no sabe si acabará su contrato.
Hace dos años, y eso es algo que no se sabe demasiado, Xavi rechazó negociar su fichaje con el Inter a pesar de que, de entrada, sabía que en Italia ganaría casi el doble que en el Barça. Puyol ha renovado a precio de oro, sí, pero porque el propio club se volvió loco en su día. Pero ellos dos, como Valdés o como el denostado por tantos Oleguer han mamado este club desde antes incluso de empezar a jugar en él. Como esos críos de 7-8 años que juegan en la escuela del Barça para los que no tendría precio llegar a jugar algún día en el Camp Nou. Como aquella 'destrozada' Quinta del Mini que pudo ser mucho y no fue nada. Con De la Peña, Velamazán, Quique, Roger, Celades o Moreno que al lado de Popescu, Figo, Ronaldo, Luis Enrique o Blanc habrían podido llegar, por lo menos, tan arriba como la del Buitre años antes. Futbolistas que sudarían sangre por su club y no mercenarios del tres al cuarto. No futbolistas que a la que descubren las excelencias de vivir en Barcelona rompen la primera regla sagrada. Jugadores que entrenan más de noche que de día y que vigilan más sus intereses comerciales y propios, su vida social, su felicidad personal que cualquier otra cosa.
Supongo, y espero, que el Barça ganará la Liga porque tiene las mejores condiciones para hacerlo. Por encima de Sevilla, Valencia o Madrid. Pero a pesar de ello, no podré sentir la misma alegría que antaño. Iluso de mi, llegué a pensar cuando comenzó este 'círculo virtuoso' que volveríamos a recuperar de alguna manera nuestras raices. Laporta me engañó como a un chino con sus mentiras y ha construido un monstruo que a veces pienso escapa a mi corazón. He visto tal prepotencia y tal grandilocuencia que me he quedado en fuera de juego. Ni el Nàstic mira con buenos ojos al Barça a pesar de tener que disimularlo.
Sólo me ha faltado hoy leer que le han renovado el contrato a Belletti para acabar de decepcionarme. ¿En base a qué? ¿Al gol de París? Porque si es por ello espero que refichemos ya mismo a Koeman. ¿Así se plantea esta directiva renovar el vestuario? ¿Robaremos la oportunidad a cualquier canterano de fracasar por culpa de un Belletti de turno? Mal han comenzado a preparar el futuro con una decisión de este calibre. Es el peor, para mi, de los síntomas.

lunes, marzo 12, 2007

ENTRE LA EUFORIA Y LA DEPRESION

Cuando un partido ante el Madrid se enfoca desde la locura del 'vamos a meterles cinco' malo. El Madrid que cayó en Múnich el miércoles no dejó peores, ni mejores, (pienso yo) sensaciones que el Barça al que eliminó el Liverpool un día antes. Paseando por Europa el ese escudo le da al equipo madridista un plus que, así lo veo, le mantiene muchas veces vivo contra corriente, cuando ya parece agonizando. De hecho, con el 2-0 en contra no se rindió y, yo lo reconozco, si el árbitro no hubiera tenido una vista de lince con el brazo de Sergio Ramos ahora mismo en el Bernabéu ya estarían preparando los cuartos de final con el Milan.

Es por ello que me daba mala espina el partido del sábado y por eso mismo preferí esperar, enfriarme y aclarar todas mis sensaciones después de ese 3-3 del sábado que me supo a gloria cuando me iba del Estadi y que con el paso de las horas me devolvió a la triste realidad de un Barça bajo mínimos... Aunque, por suerte, con un Madrid más lejano aún de lo que debería ser.
Más lejano porque con el 2-2 y con el 2-3 se acobardó. Lo hizo Capello en el banquillo y lo hicieron sus jugadores en el campo. Víctor Valdés salvó al Barça al menos de tres goles, pero ni viendo esa superioridad tan aplastante en el centro del campo ni esa facilidad con la que a la contra podían matar el partido se atrevieron los madridistas a ir a por un Barça en estado de shock. Un Barça que sobrevivió primero a base de fe y de rabia y después, también, de fortuna.

Pero, más allá de todo, de un Barça roto por el eje, en el que la calidad ya no alcanza para marcar las diferencias y al que a la nefasta preparación física de sus cracks empieza a adivinarse un aburguesamiento tan o más criticable.
Sigo pensando, a pesar de todo, que sólo el Valencia es capaz de dejar atrás al Barça... Siempre que Quique sea capaz de dosificar lo suficiente a su equipo como para aspirar a la doble corona. Y lo malo para el Valencia (bueno para el Barça) es que su plantilla es tan buena como limitada. Más allá de trece-catorce jugadores en Mestalla no tienen dónde elegir. El Madrid sigue viviendo al filo del desastre pero sobrevive con golpes de suerte y, también, calidad a cuentagotas y al Sevilla, como al Valencia, puede pesarle pensar en tantas competiciones con una plantilla poco sobrada de efectivos. Entonces, ¿qué podemos esperar del Barça?

Yo sigo esperando su regreso. Me da igual con el 3-4-3 que con el 4-3-3 o que con un 4-4-2 o hasta un 9-1-0. Como me gusta disfrutar espero que Rijkaard, que fue capaz de suicidarse contra el Madrid, mantenga su apuesta en Huelva, o cuando venga el Levante de turno con un sólo delantero. Pero, por encima de todo, espero que sea valiente a la hora de cortar cabezas. Y no la de Ronaldinho, que quiere pero no puede todo lo deseable, precisamente. Si hay quien carga las tintas con Oleguer (sí, estuvo horrible), a mi me puso de los nervios la apatía de Deco, que ya dura ¿un año?, la lentitud y poca frescura de Márquez o la poca concentración de Thuram durante algunos momentos de la primera mitad. Si quieres jugar con tres defensas, éstos deben ser rápidos a la par que contundentes y eficaces, defender arriba, en el centro del campo para apoyar la rapidez de los centrocampistas y ahogar ahí a los contrarios. Y si empezamos con que Oleguer o Thuram tienen una rapidez más que limitada y que la cabeza de Deco estaba (está) fuera de conexión estallan los problemas.
El sábado, como aficionado, me lo pasé pipa y mi hijo se fue del Estadi contento como unas castañuelas. Fue un partido de vértigo, de locos, divertido para ver y con un final feliz teniendo en cuenta lo que pudo haber sido. Además, que no es poco, quedó claro que ha nacido una estrella con Messi y, para acabar de redondearlo, el Sevilla volvió a despeñarse allá donde lo hizo el Valencia, que cerró la jornada dejándose dos puntos en Pamplona. Pero, ¿y ahora qué? ¿Cómo debemos enfocar esta docena de partidos que faltan? Me niego a pensar que el Barça esté en caída libre a pesar de que los números no inviten al optimismo. Más de una y de dos veces he predicado que se ha acabado un ciclo y que hay que empezar una nueva casa, pero ahora pienso que hay que acabar este ciclo con la grandeza que se le supone al equipo. Begiristain (si sabe) debe empezar a planificar ya mismo el futuro, pero Rijkaard debe trabajar en el presente. TRABAJAR, no gestionar solamente.
Ya no es momento de esperar a que despierte Ronaldinho, sino exigírselo, ya no es hora de confiar en el regreso de Deco, sino darle un toque de atención. Asentado sobre una columna vertebral en la que ellos dos, junto a Eto'o, Puyol, Xavi y Márquez eran el motor principal, el Barça superó todos los obstáculos que se le pusieron por delante. A la que las figuras, por hache o por be, han caído en barrena el equipo se ha resentido y se ha evaporado la superioridad que este Barça tuvo. Ojalá el equipo recupere ese espíritu de una vez y muera con la grandeza que merece. No me gustaría que se le recordase como al Madrid 'galáctico'. Me niego a ello. Al menos hoy.

miércoles, marzo 07, 2007

LAS ESTRELLAS SE APAGAN

Así acabo de leer que titula la agencia France Press la crónica del partido de Liverpool. ¿Se apagan... o siguen sin alumbrar? Ronaldinho le marcó un golazo al Villarreal, recuerdo, y sonrió como un niño contra el Athletic de Bilbao. Pero ni Sevilla, ni Zaragoza, ni Atlético, ni Chelsea, ni Real Madrid, ni Valencia, ni Liverpool han tenido noticias de él. Su temporada, goles incluidos, ha sido, es, una farsa. Ha vivido y vive tanto del pasado que el presente le ha superado en todos los órdenes. En Anfield han quedado al descubierto todas las limitaciones que sus compañeros ocultaron en La Romareda. Porque allí, en Zaragoza, fue un alma en pena como hoy, pero el éxito colectivo evitó que quedase en evidencia. Hoy no. Hoy ha dado un nuevo paso hacia el abismo porque el día en que más se le necesitaba ha vuelto a desaparecer. Ni su remate al palo le salva. Ahora mismo, que el sábado baile a Helguera, a Roberto Carlos, Cannavaro o Pepito de los palotes me importa un comino porque esta noche su actuación ha sido el acabose.

Allá por el mes de agosto un iluminado (el 'Bacó') hablaba de los siete títulos antes de empezar a disputar el primero. Esa prepotencia, ese creernos los mejores ha sido la perdición de este equipo. Cruyff siempre daba una vuelta de tuerca a sus triunfadores y Núñez, que en ocasiones (durante los buenos tiempos) ejercía de balanza, sabía sobrellevar bien esas bravatas del entrenador. Ahora... Ahora tenemos un entrenador instalado en el buen talante pero que ni sabe ni tiene al lado a quien sepa y sufrimos a un presidente que se cree el 'Mesías'. La última la leí esta mañana: enchufa como vips a sus socios de bufette en Liverpool y es capaz de alquilar (¿pagando quien?) una sala de fiestas en Liverpool (el Cavern ese de los Beatles) para hacer un sarao privado. ¿Es esto lo que nos representa?

A mi este Liverpool me sigue pareciendo un equipo menor. Pero con un entrenador superior. Superior porque preparó la eliminatoria a conciencia desde el primer día mientras el Barça ni se preocupaba, superior porque ha sabido sacar petroleo de todos sus jugadores. El ansia que han demostrado los catorce jugadores que ha sacado al campo el Liverpool me ha dado envidia. Jugaban cada balón como si fuera el último y la supuesta presión que iba a usar el Barça sólo la ha mostrado el Liverpool.
Y más allá de lo visto en Anfield, este martes me deja la sensación de que ha perdido la nobleza y han ganado los obreros. La calidad que le suponíamos al Olympique de Lyon se ha estrellado contra el colectivimismo de la Roma, la contundencia del Chelsea ha sobrevivido al toque del Oporto y la fe y solvencia del Valencia ha dejado en la calle a ese Inter que, con 34 partidos sin perder, algunos ven como superlativo.

¿Y nosotros? A casa. Cuando el juego de equipo no basta, cuando no se preparan las cosas como se deben y se deja todo en manos de 'tridentes' maravillosos el fracaso suele estar cantado. Creo recordar que allá por el mes de noviembre Ronaldinho dijo 'Tranquilos que cuando el equipo me necesite estaré ahí, en el momento de la verdad'. El momento de la verdad ya ha pasado. El momento era en Anfield y no apareció. No es una novedad porque lleva así toda la temporada. Si el sábado se sale contra el Madrid no sé si me alegraré o aún me cabreará más el ridículo que hoy ha hecho.
Lo peor es que el Liverpool nos ha ganado jugando al fútbol. Nos ha dado un repaso en actitud, en entrega... y en juego. Que pena.

jueves, marzo 01, 2007

BENDITO SUICIDIO

Agoreros somos... y en el éxtasis nos encontraremos. Rijkaard nos hizo callar a muchos ayer. Y los jugadores, también. Teletransportados a un pasado olvidado, el Barça acudió a Zaragoza enrabietado, orgulloso y con el ánimo de dar un golpe de efecto que en apenas diez minutos, sino cinco, ya había tomado cuerpo. Bendito suicidio el de este equipo que se merendó al rival en un abrir y cerrar de ojos, que hizo de la contundencia su razón de ser, que arriesgó hasta límites insospechados en estos tiempos y que actuó de una manera que, al menos a mi, me hizo recuperar no la fe ni la esperanza, sino la ilusión.


Si esperábamos el partido con una mezcla de desánimo y pasotismo, lo observamos con incredulidad primero y euforia después. La euforia del temor, del ay ay ay, de ver a un equipo lanzado hacia no sabes qué. Se podía ganar o perder, pero había que hacerlo con esa grandeza que ayer, por fin, sí se demostró.
No nos engañemos, éste no es el Barça de hoy en día, el de la posesión insultante, el del dominio asboluto de balón, el esperado, el que todos conocen. Se transformó a si mismo con un sistema que no puede ser para siempre porque, reconozcámoslo, puede darte hoy lo que mañana te quitará. Pero sí es ese 'plan B' que tantas veces le hemos exigido a Rijkaard. Sólo tres marcadores atrás, campo ensanchado delante y una circulación de balón poco menos que supersónica en el centro que nos ha llevado a recordar a Koeman, a Ferrer, Guardiola, Bakero, Eusebio, Amor, Stoichkov, Laudrup o Goikoetxea... Pero no a Romario. Porque este Barça sin Eto'o ha vuelto a aquellos orígenes del Dream Team, el que inventó Cruyff sin un delantero centro nato, en el que Julio Salinas sabía caer a las bandas sin ser estático y se convertía en una pieza más de un motor turbo que dejaba KO al rival por su contundencia.

Ayer vimos a un Barça poderoso que en 25 minutos le había dado la vuelta al calcetín, tenía a su merced a un buen Zaragoza que parecía un pelele, que tuvo en Xavi e Iniesta (Deco se ha ausentado) a dos megacracks y que devolvió la ilusión perdida en el baúl. Ese 3-4-3 con el que Rijkaard nos sorprendió a todos puede, espero, ser el recurso con el que silenciar Anfield dentro de una semana. Es un buen sistema, excelente, para ocasiones puntuales pero no caigamos en la tentación de pensar que pase a ser su razón de ser. Sería demasiado bonito. Conformémonos con la actitud del equipo, más allá del sistema.

Cuando el hambre se junta con las ganas de comer pueden pasar dos cosas, que desfallezcas por ello, o que arrases con todo. Ayer el Barça arrasó en una primera mitad de ensueño, la mejor en mucho tiempo, y acabó, no podía ser de otra manera, sufriendo por el empuje (no lo olvidemos) de un gran rival. Pero un rival a través del cual le demostró a todo el mundo que, con fin de ciclo o sin él, nos pueden quedar por delante tres meses maravillosos.