LA NOSTALGIA TAMBIEN ENSEÑA
El Barça del Dream Team conquistó cuatro Ligas, una Champions y enamoró con su apuesta de juego. Algo que, a lo largo de los años, ha acabado por convertirse en la razón de ser de este club. ¿Qué significa eso? Para mi, simplemente, que este Barça no tiene el encanto de esos equipos. Ni el encanto ni, tampoco, el ascendente. Habrá ganado otra Champions, sí, y es posible (yo diría que muy probable) que logre la Liga por tercer año consecutivo. De acuerdo. Pero, ¿nos encandila como aquel de hace tres lustros?Seré el único, pero aún recuerdo una fría noche de febrero de 1994 en que el Zaragoza le cascó un 6-3 al Dream Team que se acogió con optimismo. Más aún, a partir de ahí, si no recuerdo mal, el Barça se puso el turbo y no sólo no volvió a perder, sino que ganó con grandeza. Le metió ocho a Osasuna, se merendó al Depor, se paseó en Oviedo o creció hasta el éxtasis ante el Atlético de Madrid. Y acabó dando el callo en ún Bernabéu no tan rendido a sus pies como cuando se exhibió allí Ronaldinho el año pasado.
El secreto, siempre lo ha sido y se ha reconocido no hace tanto desde el propio club, está en el compromiso. Y el compromiso que tenía aquella plantilla consigo isma no lo tiene la actual. No recuerdo a ningún jugador que se atreviese a salir a la palestra a dudar públicamente de alguien como ahora ha sucedido. Simplemente porque era impensable que eso sucediera. Será que por mucho que se quiera ocultar Puyol no tiene en el vestuario el mando de Zubizarreta, ni Xavi el de Amor, ni Ronaldinho el de Koeman o Deco el de Eusebio.
Soy un nostálgico, lo sé, y no me duele reconocerlo. Más aún, lo soy cada día más. Por eso entiendo que Laudrup se marchase harto de Cruyff más que Figo lo hiciera cansado del engaño de Núñez (las formas), por ello echo de menos a esos futbolistas con los que una mañana cualquiera podías cruzarte camino del Miniestadi a entrenar mientras que hoy apenas si se rozan con la gente desde el cristal de su automóvil. Por eso siempre preferiré a un Ferrer que ganó en cinco años el triple de dinero en el Chelsea que en nueve con el Barça a un Messi que se besa el escudo apenas diez meses después de que su padre amenazase, sí, lo hizo, al club con pagar la cláusula y largarse si no le 'arreglaban' un contrato que consideraba caduco (le subieron la ficha de 400.000 a 2,8 millones de euros!) y por eso estoy harto de ver como se marea la perdiz con Ronaldinho o como Deco aparece de vez en cuando insinuando que no sabe si acabará su contrato.
Hace dos años, y eso es algo que no se sabe demasiado, Xavi rechazó negociar su fichaje con el Inter a pesar de que, de entrada, sabía que en Italia ganaría casi el doble que en el Barça. Puyol ha renovado a precio de oro, sí, pero porque el propio club se volvió loco en su día. Pero ellos dos, como Valdés o como el denostado por tantos Oleguer han mamado este club desde antes incluso de empezar a jugar en él. Como esos críos de 7-8 años que juegan en la escuela del Barça para los que no tendría precio llegar a jugar algún día en el Camp Nou. Como aquella 'destrozada' Quinta del Mini que pudo ser mucho y no fue nada. Con De la Peña, Velamazán, Quique, Roger, Celades o Moreno que al lado de Popescu, Figo, Ronaldo, Luis Enrique o Blanc habrían podido llegar, por lo menos, tan arriba como la del Buitre años antes. Futbolistas que sudarían sangre por su club y no mercenarios del tres al cuarto. No futbolistas que a la que descubren las excelencias de vivir en Barcelona rompen la primera regla sagrada. Jugadores que entrenan más de noche que de día y que vigilan más sus intereses comerciales y propios, su vida social, su felicidad personal que cualquier otra cosa.
Supongo, y espero, que el Barça ganará la Liga porque tiene las mejores condiciones para hacerlo. Por encima de Sevilla, Valencia o Madrid. Pero a pesar de ello, no podré sentir la misma alegría que antaño. Iluso de mi, llegué a pensar cuando comenzó este 'círculo virtuoso' que volveríamos a recuperar de alguna manera nuestras raices. Laporta me engañó como a un chino con sus mentiras y ha construido un monstruo que a veces pienso escapa a mi corazón. He visto tal prepotencia y tal grandilocuencia que me he quedado en fuera de juego. Ni el Nàstic mira con buenos ojos al Barça a pesar de tener que disimularlo.
Sólo me ha faltado hoy leer que le han renovado el contrato a Belletti para acabar de decepcionarme. ¿En base a qué? ¿Al gol de París? Porque si es por ello espero que refichemos ya mismo a Koeman. ¿Así se plantea esta directiva renovar el vestuario? ¿Robaremos la oportunidad a cualquier canterano de fracasar por culpa de un Belletti de turno? Mal han comenzado a preparar el futuro con una decisión de este calibre. Es el peor, para mi, de los síntomas.






No nos engañemos, éste no es el Barça de hoy en día, el de la posesión insultante, el del dominio asboluto de balón, el esperado, el que todos conocen. Se transformó a si mismo con un sistema que no puede ser para siempre porque, reconozcámoslo, puede darte hoy lo que mañana te quitará. Pero sí es ese 'plan B' que tantas veces le hemos exigido a Rijkaard. Sólo tres marcadores atrás, campo ensanchado delante y una circulación de balón poco menos que supersónica en el centro que nos ha llevado a recordar a Koeman, a Ferrer, Guardiola, Bakero, Eusebio, Amor, Stoichkov, Laudrup o Goikoetxea... Pero no a Romario. Porque este Barça sin Eto'o ha vuelto a aquellos orígenes del Dream Team, el que inventó Cruyff sin un delantero centro nato, en el que Julio Salinas sabía caer a las bandas sin ser estático y se convertía en una pieza más de un motor turbo que dejaba KO al rival por su contundencia.

