Señora... Estamos en una misión de Dios

viernes, diciembre 22, 2006

QUE MAL ESTAN ELLOS!


Es más fácil ver la paja en ojo ajeno que la viga en el propio. Así puede que nos marchemos de vacaciones de Navidad. Consolándonos de que el Madrid está en derribo mientras que el Barça va tirando. ¿Es oportuno? ¿es lógico? Yo pienso que no. Si contra el Internacional de Porto Alegre me enervó la falta de espíritu con que algunos (la mayoría) de jugadores enfocaron el partido, contra el Atlético de Madrid me sobrevino la típica reacción culé del 'ay ay ay'. Soy, lo confieso, un vago y por eso me da pereza empezar a buscar ejemplos para confirma mi teoría. ¿Cuál? El Barça ha perdido la frescura y ya sólo marca a balón parado o, también, en jugadas de estrategia. Pero se ha perdido fluidez, rapidez de balón y, lo peor, esa sensación de poder que no hace tanto (¿o sí?) ofrecía el equipo. Dijo el miércoles Joaquín Caparrós (un tipo muy sensato) que este Sevilla le huele a campeón. Yo como soy 'parte interesada' sigo pensando que los andaluces están a expensas de lo que sea capaz de hacer el Barça.
Pero lo malo es que no veo qué hace el Barça, hacia dónde va o, peor aún, cómo pretende recuperar su forma de ser. Con 'cuatro detalles' de Ronaldinho no nos alcanza; con el excelente juego de Iniesta, tampoco; con el hoy sí y mañana no de Gudjohnsen me temo que menos aún. El equipo no está enfermo, pero tampoco está como unas castañuelas. El Atlético lamentará, si lo piensa, haber dejado la oportunidad de ganarnos por tercer año consecutivo porque en muchas fases del partido el centro del campo fue suyo y porque Agüero, cuando se enchufó, dejó en pañales la táctica del Barça.
El Madrid ha presentado a Higuaín y a Gago. Sigue engañándose con una huída hacia ninguna parte que acabará por pasarle factura. Ese es el consuelo de muchos. Es lo que leo en la prensa. Una manera de desviar la atención que me asusta porque es la mejor manera de no hacer frente a las carencias propias. A ver si acabaremos por lamentarlo...

lunes, diciembre 18, 2006

DEPRESION A LA JAPONESA


Cuando el miércoles vi por televisión el partido entre el Inter de Porto Alegre y el Al Ahly pensé que si el Barça ganaba al América tenía el Mundial en el bolsillo. Cuando el jueves contemplé como el Barça arrollaba al América no tuve dudas... Cuando ayer vi la final me pillé un buen cabreo. Cuando Ronaldinho tiró aquella falta rozando el poste o el portero del Inter sacó aquella mano a Deco una parte de mi incluso pensó 'Que se jodan'. ¿Antibarcelonista? Llámale como quieras pero me indignó (en el buen sentido de la palabra) que un equipo como el Barça jugase como lo hizo. El nombre no te da títulos y lo que no puedes, y el Barça debería tener prohibido, es jugar una final con esta sensación de desidia. Rijkaard (en estas cosas es un genio) quiso acoger para si mismo el fracaso, pero a mi me da otra sensación. Pienso que el Dream Team comenzó a morir cuando Cruyff (el más grande) creyó estar por encima del bien y del mal y temo que este Barça empiece su caída por pensar los futbolistas que son los mejores y que con ello les basta para sacarlo todo adelante.
No. Este Barça está obligado a ofrecer mucho más de lo que me ofreció en Japón. Debió salir a 'comerse' al Inter y no a especular como lo hizo y a dejarse en el vestuario esa rabia y hambre que, cada vez hace más tiempo, tenía. Es ahí donde echo en falta la agresividad de Eto'o. Dije no hace mucho que en condiciones normales este equipo tiene que ganar la Liga de manera sobrada, pero ayer me llevé un buen palo delante de la tele y por la noche me dio por subir a Montjuïc con un amigo periquito. Y por la noche me entraron las dudas. El Madrid ganó al Espanyol sin ofrecer espectáculo, desde luego, pero tiró de oficio y si llega a necesitar más goles estoy seguro que los marca. Hemos leído y escuchado tantas veces que este Madrid de Capello está condenado al fracaso que, a lo peor, hasta nos lo creemos. Y el Madrid está ahí, se mantiene en pie a un punto (ficticio) del megamaravilloso Barça.
El jueves viene el Atlético al Camp Nou. Llamadme 'bobo' si quereis, pero preferiría que el Torres de siempre nos volviera a mojar la oreja si el equipo cae fiel a su filosofía que ganar con un juego tan miserable, con perdón, como el que los 'chicos de oro' nos obsequiaron ayer en Japón.
¡Y que no me vengan con jet-lags, coño! que yo el sábado salí de fiesta, dormí tres horas y bien que me he levantado sin llorar.

lunes, diciembre 11, 2006

CUANDO ERAMOS LOS MEJORES


Asentado en el liderato, sin apretar el acelerador más de lo necesario y mostrando en cuentagotas quien es el número uno de la Liga, el Barça ya prepara en Japón su último reto. Se ventiló en un abrir y cerrar de ojos al Werder Bremen para aparcar la Champions hasta el año que viene y se dio buena cuenta, sin abusar, de una Real Sociedad que a mi me llegó a dar lástima. ¿Es suficiente para sacar pecho? Pienso que no. Hace no demasiados días, hablando con un amigo, me mantenía en mis trece de que este Mundial de clubs me importaba más bien poco y ahora, sin embargo, me dejo llevar por la corriente de que es el no va más. Lo es porque, sí, es el únido título que falta en la sala de trofeos del club y porque una entidad como el Barça lo necesita para alumbrarse más si cabe en el concierto internacional.
Ya han pasado tres meses largos desde que comenzó la temporada y bien puede hacerse un primer balance. De hecho, muchos han (hemos) 'bailado' como veletas entre el pesimismo histórico y el optimismo exagerado. Y no es fácil asentarse entre una cosa y la otra. Ronaldinho sigue ahí, Valdés continúa creciendo, Iniesta se engrandece a cada partido, Gudjohnsen ha pasado de petardo a crack en un abrir y cerrar de ojos y, curioso, la ausencia de Eto'o o Messi apenas si nadie la ha notado. ¡Incluso Thuram (al que sigo sin apreciar lo suficiente) parece ser digno de este equipo!
Este fin de semana he visto mucho fútbol, quizá demasiado, y me ha servido para confirmarme en mi teoría de que la Liga puede ganarla el Barça poco menos que andando. Sigo sin confiar en un Sevilla que va creciendo pero que dudo mantenga el ritmo, sigo viendo al Madrid bajo cero, me froto los ojos ante los continuos tropezones de un Atlético fiel a su histeria y buceo en la clasificación para buscar a un Valencia demasiado lejano. Así que, aparcada la Liga y en reserva la Champions, toca pensar al cien por cien en ese Mundial que nos hará el jueves sentarnos a ver fútbol mientras desayunamos.
Recuerdo que hace catorce años me senté frente al televisor de madrugada dispuesto a disfrutar. Convencido estaba de que aquel maravilloso equipo de Johan Cruyff alcanzaría la gloria. Poco conocíamos al Sao Paulo y menos dudábamos de nosotros mismos. Sí, éramos los mejores y nada debía impedirnos el éxito. Pero entre los goles de Raí, las cabalgadas de Cafú, la calidad de Muller o la veteranía de Toninho Cerezo aquel insuperable Barça mordió el polvo. Y una semana después no pasamos del empate en Vallecas... Cuidado.
Si cuando éramos los mejores no supimos subir el último escalón hacia la leyenda, hoy, que aspiramos a mejorar aquella época, aparquemos nuestra euforia. Vamos a ganar, pero hagámoslo con humildad. Porque así, lo he comprobado, es como se disfruta más del éxito.