Siniestro total en Alcorcón

Cuando el entorno de un club que se gasta 300 millones de euros en fichar a Benzema, Alonso, Arbeloa, Albiol, Granero... y Kaká enciende las alarmas por la lesión de la joya de la corona (Cristiano Ronaldo) es que algo anda mal.
Cuando seis días después de hacer el ridículo frente a un Milan en cuesta abajo y tres después de repetirlo en Gijón, a Pellegrini se lo rifan desde todos lados suspendiendo un entrenamiento para que los jugadores se vayan a probar sus nuevos audis a una pista de nieve artificial... es que algo anda mal.
Cuando es el de siempre, Raúl, el que sale a dar la cara, tanto dentro como fuera del campo, y es él quien mantiene mal que bien, o peor, la cara a este megamillonario proyecto, como al anterior, o al anterior... es que algo va mal.
Florentino Pérez regresó al Real Madrid como un Mesías salvador, pensando que el dinero le daría la felicidad en forma ya no de títulos, sino de juego, de filosofía, pretendiendo convertir a este equipo en lo que no es. Y lo único que ha conseguido es que no exista un equipo. Ya no es un estilo, una forma, una apuesta. Es un todo y un nada a la vez, en una mezcla tragicómica que convierte a esta colección de cromos en un hazmerreir.
No es el Racing, ni el Málaga, ni el Atlético ni el Betis de turno el que ha dado un repaso al grande. No. Ha sido el Alcorcón. Aún recuerdo la noche en que el Barça empató en Numancia, cuando aquel equipo era un 'desconocido'; o Benidorm. Noches de pesadilla para el barcelonismo que desembocaban en unas risas indisimuladas en todos lados. Hoy, un equipo que anda por la parte media de Segunda B, que perdió el último partido liguero jugado en casa ante el Atlético B por 1-2, no le ha dado un repaso al IReal Madrid, no le ha humillado, no le ha dado un baño de humildad ni tampoco le ha desnudado. Simplemente le ha asesinado. Y de la manera más dulce para lo que es el fútbol en si mismo.
Este Alcorcón (que en la vuelta, sí, puede salir perfectamente trasquilado del Bernabéu) ha demostrado que esto no es una NBA cualquiera, que el fútbol es un juego de hombres y que el dinero no compra los títulos.
Más allá de los colores, el fútbol le debe esta noche un homenaje al Alcorcón. No por convertir al Real Madrid en un pelele, sino por hundir los aires de grandeza de unos personajes que se creyeron por encima del bien y del mal.
Por cierto, ese vestuario está tan podrido, tan repleto de vanidad que apenas dos ¿futbolistas? del Madrid se avinieron al final del concierto a intercambiar sus camisetas multimillonarias con sus verdugos. Ni para eso han tenido vergüenza.







